El Toro de la Vega y la antropología seminal

  

Tordesillas tiene en la actualidad el dudoso honor de organizar el acto más sangriento y salvaje que se conserva en la España profunda: la muerte de un toro a lanzazos por una horda de devotos de la Virgen de la Peña.

 Según sus organizadores es un ejemplo de “violencia localizada y socialmente productiva” que, mediante esta barbaridad sin nombre, controla las pulsiones de los naturales del lugar, “encauzando la energía de la muerte hacia la vida, hacia la fertilidad”. Con ello, este ritual “anuda el lazo social, revitaliza a la comunidad y crea las bases simbólicas de la diferencia sexual masculino / femenino para conducir a la pulsión hacia el sexo fértil y creador”.

 Les juro que no me invento todas estas chorradas, los entrecomillados los he sacado de la propia web del tordesillano Patronato del Toro de la Vega, que siente legitimada esta locura sangrienta con el interés que suscitó al antropólogo inglés Julian Pitt-Rivers, que se desplazó en varias ocasiones para estudiarla desde la Universidad de Oxford.

Supongo que este profesor vendría a observar a la luz de la antropología a estos hombres primitivos de Tordesillas, de igual manera que un oncólogo observa al microscopio un cúmulo de células cancerosas o un climatólogo analiza los fenómenos que nos conducen de forma inexorable al calentamiento climático.

 A la hora de defender la muerte lenta, cruel y dolorosa de un pobre toro a lanzazos, estos energúmenos, en su bárbara ignorancia, sostienen como esencial “el ritual, sagrado e irrenunciable del corte de los testículos del toro muerto”. Un derecho privativo del “héroe” que propina el lanzazo fatal al toro y que, con la lanza empapada aún en su sangre, se planta en el baile de la Plaza Mayor para usarlo como hisopo y manchar el vestido de la moza por él elegida, siendo éste “un buen augurio para la fertilidad del futuro matrimonio”.  

 De todo lo dicho cabría deducir varias posibilidades:

 a) Que el agua de Tordesillas tiene algo que vuelve anormal a la gente.

 b) Que los mozos de Tordesillas no tienen quien les explique que sólo se tienen que bajar los pantalones y subirse las faldas para saber quién es chico y quién es chica, sin necesidad de crear bases simbólicas a cuenta de matar un toro.

 b) Que en Tordesillas tienen un problema de fertilidad -o de potencia- que intentan resolver mediante un procedimiento chamánico –que no científico- en el que al pobre Toro de la Vega le toca ser humillado, herido, martirizado y sacrificado sin piedad para que a estos chicos se les ponga enhiesta.

 c)    Que nadie les ha explicado que hay en las farmacias unos fármacos que se pueden tomar los mozos y tener niños para parar un tren.

 Todo esto podría ser divertido si no fuera porque en las fiestas de la Virgen de la Peña hay una víctima inocente, un pobre, bravo y hermoso toro que estos bestias masacran entre pulsión y pulsión seminal.

Lo más chocante es que hay leyes que tipifican como delito este tipo de linchamientos, pero nadie se atreve a aplicarlas: los alcaldes porque no serían reelegidos, los políticos autonómicos porque no quieren conflictos y los políticos nacionales porque están a lo suyo, que es perpetuarse, haciendo oídos sordos a escándalo que se forma cada mes de septiembre en toda España por el rechazo social unánime al Toro de la Vega, un atavismo que ya hace mucho que debería haber pasado al museo de los anacronismos, junto a las torturas de la Santa Inquisición, el derecho de pernada, la servidumbre de la gleba o el Cara a Sol.

 

 

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~ por kalicom en 29 marzo 2009.

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