G… 20: ¡Agua!

         

Después de leerme los 29 puntos de la Declaración Final Conferencia Cumbre del G-20, me temo que, una vez más, en este gran juego de los barquitos que es la política internacional ha vuelto a salir “Agua”. Ni “tocado”, ni muchos menos “hundido”, porque los líderes reunidos en Londres lo que han hecho es engendrar un nuevo paquete de bellas intenciones, escritas con el corazón puro y el ánimo un tanto naif de dibujar el mejor de los mundos.

Los veo emocionados ante lo que ellos mismos califican como “el mayor reto para la economía mundial de la era contemporánea”. Claman por una solución global para una crisis global que necesita el compromiso mancomunado de todas las naciones, de todas las economías, de todas las culturas, de todas las religiones. Pretenden que el suyo es un esfuerzo que no discrimina a pobres, a emergentes o a tercermundistas.

La paleta con la que quieren pintar el planeta es realmente prometedora: reparar el sistema financiero para restaurar el crédito; reforzar la regulación financiera para reconstruir la confianza; financiar y reformar las instituciones financieras internacionales para superar la crisis actual y evitar las futuras; fomentar el comercio y la inversión globales y rechazar el proteccionismo para apuntalar la prosperidad; construir una recuperación inclusiva, ecológica y sostenible.

¿No es maravilloso?: expansión fiscal concertada, transición hacia una economía ecológica, activación del crecimiento, política monetaria coherente, estabilidad de precios, restablecimiento del flujo del crédito, sostenibilidad fiscal, restablecimiento de la demanda, sistema monetario internacional estable, fortalecimiento de la supervisión y la regulación financiera, supresión de los paraísos fiscales… Todo ello integrado en un Plan de Acción que establece sus primeros horizontes en el 2010 y que es auténtica música para mis oídos.

Tiemblan pues los adalides del secreto bancario y los obamitas se recrean en su líder, mientras Nicolás Sarkozy y Angela Merkel practican el “culo en pared” sobre Afganistán y obligan al mandatario norteamericano a adoptar una postura más que suave y dialogante.

El G-20 ha prometido abrir las compuertas del cuerno de la abundancia para inundar de millones de dólares el planeta, intentando garantizar la recuperación justa y sostenida de todos. Además, reconoce expresamente la dimensión humana de la crisis y se plantea lograr que el empleo se recupere y se vea estimulado el crecimiento.

Tampoco hay que echar en saco roto que haya manifestado el compromiso de afrontar la amenaza del cambio climático -que por fin reconoce como irreversible- a la luz del principio de la responsabilidad compartida, aunque diferenciada, si bien aplaza todo para la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático de diciembre próximo.

Lo cierto es que he encontrado en este breve texto más “haremos” que “hicimos”, más “acordaremos” que “acordamos”… Esa es la razón por la que, aunque me ilusiona el color que está tomando el caldo, no puedo evitar una punzada de miedo a verme desilusionado una vez más, a que nuevamente se me quede cara de crédulo estúpido.

Por eso, y ojalá me equivoque, creo que esta sinfonía del nuevo mundo que nos han interpretado en Londres, al final, nuevamente va a resultar que es… “¡Agua!”

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~ por kalicom en 4 abril 2009.

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