Tengo un cabreo de nivel 6

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La señora Chang, la directora general de la OMS me trae loco. Yo comprendo que ella, que estuvo treinta años llevando temas de salud en Hong Kong, se ponga de los nervios ante la presencia del H1N1, pero con tanta declaración y tanta entrevista lo único que está consiguiendo es hurgar aún más en la herida abierta de la crisis.
No seré yo quien niegue que los virus tienen la fea costumbre de recombinarse y mutar cuando coinciden en una célula con otros de su calaña, pero reconózcanme que eso es algo que viene ocurriendo desde hace mucho tiempo, y aquí estamos. Lo que pasa es que esta vez el foco no ha sido el sureste asiático sino México, que está pegadito a Estados Unidos; y ya se sabe que a los americanos los dedos se les vuelven huéspedes desde el 11 S.
El caso es que la señora Chang le ha puesto mascarilla a la actualidad decretando el nivel 5, y los medios de comunicación se están encargando de la megafonía, porque ya estaban hasta los corondeles de hablar sólo de la crisis económica.
El caso es que una epidemia que todavía no tiene entidad, está logrando desencadenar tensiones diplomáticas, cierres de fronteras, vetos a la importación de cárnicos, cuarentenas en hospitales, hoteles y domicilios. Para muchos los hospitales se han convertido en el país de irás y no volverás (a casa) y el personal sanitario se acerca a los “apestados” con una armadura biológica compuesta por gorro, mascarilla, guantes, bata y calzas; un equipamiento que va a la basura con cara de asco cuando abandonan la sala supuestamente contaminada.
Ante la situación hay quien piensa que ésta es una simple maniobra de los laboratorios Roche, que fabrican el mágico “Tamiflu”. Pero la cosa no es tan sencilla. Es cierto que una extensión pandémica de la nueva gripe incrementaría las ventas de Tamiflu y que los laboratorios han indicado que los gobiernos le han pedido ya 220 millones de dosis, y eso se traduce en unos 3.000 millones de dólares de beneficios extraordinarios. Pero las pandemias son un mal escenario para crear negocios estables, aparte de que este medicamento sólo es efectivo en las fases iniciales de la enfermedad y además es muy dificultoso de producir. En resumen, para Roche esta situación es más un quebradero de cabeza que una fuente de ingresos que justifique promover el pánico mundial.
Si se confirman las hipótesis más pesimistas, el H1N1 le va a costar 2,3 billones de euros al planeta, que va a registrar una caída del 5% en su producto interior bruto.
¿Estamos preparados para eso? Pues parece que no. El 73% de las empresas no se siente en condiciones de afrontar la pandemia. Con un absentismo laboral por la gripe que se situara en el 30%, la mayoría de las empresas se encontrarían en una situación muy preocupante.
A mí lo que me mosquea es que, al parecer, los países presentan distintos grados de indefensión ante las consecuencias de la gripe: las economías más grandes y cerradas aguantarán mejor que las abiertas y dependientes del comercio. Eso significa que, con la pandemia, Estados Unidos ganará terreno a la zona euro, que podría perder la riqueza acumulada en la última década.
Pero todo esto son previsiones, cálculos, hipótesis sobre algo que todavía no ha sucedido, aunque ello no impide que las consecuencias ya sean reales, como le está ocurriendo a un México en pleno bloqueo fronterizo.
No es el coste en vidas humanas o la pérdida real de productividad lo que está afectando hoy a las economías, sino el miedo al contagio y su impacto en el comportamiento económico… eso es lo que realmente está haciendo daño.
La cultura de la mascarilla es absurda, al menos en el ámbito de la vida normal. No digo que se eliminen las precauciones razonables, pero sí que se evite el alarmismo mediático. En España, que puede considerarse como un ámbito geográfico bien atendido desde el punto de vista sanitario, se producen cada año 73 fallecimientos debidos directamente a la gripe y 3.000 muertes por influencia de esta afección en enfermos con otras patologías previas.
De momento, en el mundo real, no en el de las especulaciones, la gripe A -que es como se la empieza a llamar- es una afección leve que puede controlarse perfectamente, y con un mínimo de higiene y de cuidado podremos evitarla o superarla sin riesgos.
Más me preocupa la llegada de este virus a África, a la India y a otras zonas en las que la pobreza es endémica, donde la enfermedad es norma, donde nadie se molesta ya en contar los muertos por sida o por malaria, y donde dudo mucho que llegue alguna dosis de Tamiflu.
Las autoridades sanitarias hacen bien en estar preparadas, en jugar con todas las hipótesis de evolución, en arbitrar medidas de prevención y de lucha… para eso están; pero, por favor, no nos pongan histéricos a los que vamos por la calle, porque confieso que después de una semana de bombardeo mediático ya tengo un cabreo de nivel 6.

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~ por kalicom en 6 mayo 2009.

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