La gente que hay dentro de ti

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Nuestra mente es como una pensión en la que convive gente muy distinta, cada uno con su propia personalidad. Una pensión con una única ventana por la que en un momento dado se puede asomar tu yo amistoso o tu yo violento, el alocadamente creativo o el metódico y previsor.

 

Todos ellos son parte de tu personalidad y todos tratan de dominar tu comportamiento, tus sentimientos, tus reacciones. Por eso las personas somos tan contradictorias y tenemos unos momentos plácidos y altruistas, y otros violentos y egoístas. Es importante que lo comprendamos con claridad, porque si no acabaríamos pensando que estamos “poseídos”. La clave radica en poner orden dentro de casa, en lograr un pacto entre toda esa gente para que tu vida sea lo más feliz y productiva posible.

 

Básicamente cada uno de nosotros tiene dentro siete tipos de “yo”. Todos ellos poseen una carga positiva y benéfica, pero algunos encierran también un lado oscuro, peligroso y amenazante.

 

El primero es el yo práctico, que es el que busca la estabilidad económica, la salud, la seguridad, el bienestar físico. Pero, por su propia esencia, también es el que se acerca a la oreja de tu conciencia para susurrarle que sin esfuerzo no hay recompensa, que nunca te muestres vulnerable, que es mejor controlar a los demás que confiar en ellos, que tienes que marcar claramente tu territorio y hacerlo con cautela, evitando riesgos.

 

Tu yo sociable es el de las relaciones con los demás; es el que te induce a ser una persona de familia y te invita a la amistad, al respeto y la comunicación. Es el que te aconseja ser altruista, cuidar de los demás, escuchar con paciencia y resolver los conflictos. Pero ese mismo yo se descontrola a veces y empieza a manejar creencias muy peligrosas del tipo “Si no eres mi amigo eres mi enemigo”. Es también el que te obliga a señalar culpables para las cosas que ocurren, el que te incita a manipular a los demás, el que busca complacer y ser complacido, el que reclama lealtades personales. Es el yo capaz de moverte por terrenos extremos como la intolerancia o la confianza ciega.

 

El tercero es el yo perfeccionista que, como todos los perfeccionistas, quiere ser el mejor. Es el que reclama el éxito, el que utiliza la lógica, supone la calidad, instrumentaliza la ambición, exige la eficiencia y persigue la excelencia, con todo lo que ésta contiene de recompensa y progreso. Pero el yo perfeccionista puede convertirse en algo realmente tóxico para tu mente cuando todo ese perfeccionismo, competitividad y arrogancia te controlan anulando cualquier equilibrio, cualquier estabilidad, haciéndote sentir una constante frustración.

 

El cuarto yo es el mago, el transgresor que rompe moldes, el liberador de tu talento, el que plantea las preguntas profundas y llenas de contenido, el que te reinventa y cambia tus encuadres. Lo malo es que, en buena medida, encierra en su creatividad desbordante una amenaza potencial de desestabilización.

 

 

También vive en tu mente el yo de los valores, que es el que alimenta la capacidad de compromiso y predica la creatividad, la honestidad, la paciencia, la confianza, el optimismo, la cooperación, la generosidad, la integridad…

 

No es menor la importancia de tu yo equilibrante, el que cultiva el diálogo, el que trata de inspirar con el ejemplo, el que reclama la estabilidad física, emocional, mental y espiritual. Es el yo de la realización personal, de la empatía, del trabajo comunitario y la conciencia sobre el medio ambiente.

 

Y, para completar el cuadro, está tu yo potenciador, al que debes el espíritu de servicio, la compasión, la ética, la sabiduría, la visión, el sentido del perdón, la serenidad ante la incertidumbre, la valoración de los derechos ajenos, la humildad, la capacidad para obrar a largo plazo y para captar la importancia de ayudar a las generaciones futuras… y otras tantas cualidades que te potencian como ser humano.

 

Todos ellos viven dentro de ti, ellos son tú y tú eres ellos, y se relevan en un momento u otro de tu vida, según las circunstancias, según los mensajes que te llegan del entorno, según el estado emocional en el que te encuentras.

 

Por eso las personas somos tan complejas, tan variables, tan impredecibles. En la medida en la que domine uno u otro de estos ocupas de tu mente actuarás de una determinada forma, incluso de maneras contradictorias, opuestas o excluyentes.

 

El personaje práctico, el sociable y el perfeccionista te ayudan a ser, manejan tus emociones y capacidades; son los que te mantienen vivo y en actitud de progreso. El mago te abre la puerta a la transformación y al perfeccionamiento profundo. Y los otros tres, el de los valores, el equilibrante y el potenciador, determinan el propósito, la misión de tu vida.

 

Como normalmente los tres primeros se pasan el tiempo a codazos por asomar a la ventana, las personas estamos llenas de angustias, de desconfianzas, de rencores y suspicacias. Son valiosos como herramientas para llegar a un fin, pero debes evitar que manejen las riendas de tu vida. Si no acabarás comidito por el estrés o con la autoestima por los suelos.

 

Ahora ya sabes toda la gente que hay dentro de ti. Y como eres el dueño de la pensión…¡Ocúpate de poner un poco de orden!

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~ por kalicom en 13 mayo 2009.

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