Compro agujero de gusano con parada en los setenta.

VIAJAR EN EL TIEMPO-BLOG¿Por qué los días eran tan largos cuando yo era pequeño?¿Por qué los años parecen tan cortos ahora que soy mayor? Llevo un tiempo en el que se me juntan las navidades, los veranos, los cumpleaños y las visitas al dentista. En algún rincón oscuro de mi mente hay un mecanismo estropeado que me hace percibir el tiempo como algo desagradablemente efímero y poco fiable.

 

A mí me habían enseñado que el tiempo era una constante. ¡Qué caramba, hasta teníamos una unidad, el segundo, cuya duración está controlada por un sofisticado sistema de osciladores referidos de forma permanente a la frecuencia de la transición cuántica del átomo de cesio!… A mí eso me suena tremendamente científico y fiable, pero parece ser que la cosa no está tan clara, que hay segundos y segundos.

 

Newton y Galileo trabajaron la mecánica clásica considerando que el tiempo físico transcurre en sí; digamos… de un modo uniforme. Pero cuando los científicos modernos empezaron con los fenómenos ondulatorios, y más en particular con el electromagnetismo saltaron las alarmas, porque había cosas que no se podían explicar.

Entonces llegó Albert Einstein con su Teoría de la Relatividad. Partía el sabio de la base de que había una constante inmutable que era la velocidad de la luz y gracias a ella sincronizaba dos relojes, uno que no se movía y otro que estaba en movimiento. En los experimentos reales que se han hecho, los relojes que se mueven siempre atrasan y eso demuestra que el tiempo, aparentemente inmutable, varía según desde dónde se mida. De aquí podemos deducir que el espacio y el tiempo no son independientes; más aún, no existen el uno sin el otro. Por eso Einstein hablaba en realidad de una magnitud compuesta llamada espacio-tiempo, y esa sí que parece ser una magnitud fundamental.

La idea es que cada persona o, como dicen los científicos, cada observador, tendría su propia realidad espacio-tiempo, que sería diferente a la de otro observador. Eso implica que si voy viajando en una nave, mis relojes biológico y mecánico no coincidirán con los de un observador que esté en tierra.

De hecho se ha llevado a cabo un experimento con dos aviones que despegaron de un mismo punto, pero uno volando hacia el Este y otro hacia el Oeste. El avión que viajó hacia el Este trajo a su pasajero con el reloj atrasado una fracciones de segundo, debido, parece ser, a que la velocidad y dirección del avión se sumaron a la velocidad y dirección de la rotación de la Tierra, que es de Oeste a Este. La conclusión que más me interesa de todo esto es que para el que viaja hacia el Este el tiempo pasa más despacio o, lo que es lo mismo, vive más.

 

Pero tampoco me puedo pasar la vida en un avión, viajando hacia el este, así que tengo que conformarme con el paso del tiempo que me ha tocado. Además, parece “indudable” que el tiempo es direccional; las cosas nunca van hacia atrás. Hay una flecha del tiempo: los sucesos llevan un orden que va del pasado al futuro.

Hablamos de un tiempo lineal y unidimensional, ¿pero qué pasa en una concepción multidimensional? Por no hablar de que en la física todas las ecuaciones son reversibles y simétricas.

Lo cierto es que, según el principio de la entropía, si un jarrón se rompe ya nunca vuelve a recomponerse, o al menos la posibilidad de que ocurra es infinitamente pequeña. Esa es una clara orientación temporal hacia el desorden. Por eso el principio de la entropía nos permite distinguir entre pasado y futuro de acuerdo con lo que se conoce como flecha termodinámica.

Pero en realidad siempre sigue estando ahí la simetría de las ecuaciones y eso nos lleva a las investigaciones sobre el caos, que permite explicar fenómenos de autoorganización a partir de sistemas sin estructura aparente; estaríamos hablando de una especie de azar predecible. También hay una flecha psicológica del tiempo porque tenemos recuerdos del pasado, pero no memoria del futuro.

 

La cosmología moderna basa sus hipótesis en el Big-Bang, una teoría que sustenta que el universo está en expansión, lo que no es más que una flecha cosmológica del tiempo.

Estamos a la espera de una teoría que unifique la relatividad y la mecánica cuántica, y que nos permitirá comprender de una vez por todas esto de la direccionalidad del tiempo.

La verdad es que no necesito todas estas teorías para darme cuenta de que soy cada día menos joven, y de que un efecto entrópico galopante está desparramando mi cuerpo y mi mente. Ya sólo me queda esperar que pronto salgan a la venta agujeros de gusano que me permitan volver al pasado. Y, ya puestos, pediré un “viaje” a los setenta, conservando la memoria intacta; así me evitaré muchas indecisiones y ganaré cantidad de tiempo, sea cual sea la  dirección en la que apunte la flecha.

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~ por kalicom en 24 mayo 2009.

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