La compleja termodinámica del botijo español


BOTIJO PARA BLOGTodos los años, cuando llegan estas fechas, cuando el termómetro pasa por fin de los treinta, empiezo a plantearme sacar el botijo. Un blanco, humilde y clásico botijo que compré en Andalucía hace pocos años y que guardo cuidadosamente durante el invierno.

Siempre había querido tenerlo, y lo que siento es haber tardado tanto en decidirme porque es un invento extraordinario. Cuanto más calor hace mejor funciona mi botijo; y eso se debe a que su características termodinámicas son realmente singulares.

Mi botijo está hecho con una de las siete clases de arcilla que hay en España, concretamente con la de tipo greda, que al carecer prácticamente de hierro resulta muy blanca. Son las arcillas que vemos en los cuadros de Zurbarán y resultan ideales para hacer botijos, jarras y cántaros.

El objetivo es que el agua que está dentro del botijo se mantenga fresca y para eso se necesita que haga calor y que el ambiente esté muy seco.

Naturalmente, para hacer un buen botijo hace falta una arcilla que sea porosa, como bien saben los expertos en “alfarería del agua”. Un botijo vidriado sólo sirve de adorno. Y es que un botijo como mandan los cánones siempre está mojado por fuera porque tiene que perder agua constantemente, tiene que “sudar”.

De acuerdo con los principios de la termodinámica, el agua que sale por sus micro poros se evapora y ello hace que la temperatura del barro disminuya. Cuanto más seco esté el ambiente más evaporación y mejor enfriará el botijo.

Hay sesudas fórmulas físicas que definen con precisión la capacidad del botijo para refrescar el agua que contiene. Por ejemplo, a 31º C de temperatura, con una humedad del 30% y una presión atmosférica de 1000 milibares, el agua del botijo bajará hasta unos agradables 19º C. Pero con estos mismos parámetros, si la humedad fuera del 20%, conseguiríamos unos fantásticos 16º C en el agua del botijo. Eso significa que en Écija o en Granada, mi botijo funciona mejor que en La Coruña o en Santander.

Otro aspecto muy importante que hay que considerar en el universo botijero es la forma y dimensión del cacharro. Aquí rige otro principio físico: considerando la economía de almacenamiento, el botijo más eficiente será el que tenga menos superficie externa para un mismo volumen, de donde se deriva que los mejores son los de formas redondeadas. Así las cosas, ya podemos decir que el botijo perfecto tiene que ser casi esférico, con dos orificios, una base plana pequeña, una sola asa y un peso no superior a tres kilos para que se maneje con facilidad.

Lo cierto es que, para que ocupen menos sitio, los botijos que hacen los alfareros no son totalmente esféricos, sino que los estilizan imitando la silueta de la tinaja.

Vistas las ideas básicas de la eficiencia de almacenamiento, paso ahora a considerar las referidas a la eficiencia de enfriamiento. Principio universal: sólo enfría el agua la vasija que transpira, que suda. El enfriamiento se consigue a base de evaporar el agua que sale a través de las paredes de barro, y ello se rige mediante el principio de que el calor de vaporización es del orden de 600 calorías por gramo, lo que significa que un enfriamiento de 6º C exige la evaporación de un 1% del agua, que es una cantidad bastante razonable.

Otro principio universal: el poder refrigerante de un botijo es mayor cuanto más agua tenga, porque sólo se producirá evaporación en la zona comprendida entre la base y el nivel de la superficie del agua, ya que por encima de ese nivel no rezuma; obviamente porque no hay agua.

A esto podemos añadir un tercer principio universal: un botijo colgado enfría más que uno apoyado en el suelo o en un plato.

¿Y por qué el botijo es un invento típicamente español? Pues porque es en nuestras latitudes donde se suelen dar los veranos secos que, como ya hemos visto, son los ideales para un buen trabajo termodinámico de este maravilloso artilugio refrigerador.

Supongo que, con todo lo dicho, queda perfectamente claro que sería un gravísimo error poner el botijo bajo un chorro de agua porque, sencillamente, dejaría de funcionar.

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~ por kalicom en 31 mayo 2009.

Una respuesta to “La compleja termodinámica del botijo español”

  1. El envase del futuro

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