El duro pasar de analógico a digital

CUADRO DIGITAL-BLOGCuando yo nací el mundo era analógico. Los relojes tenían manillas, las cámaras de fotos usaban carretes, los termómetros funcionaban con mercurio, y todos los libros y los periódicos eran de papel. En aquella época, ‘digital’ era lo que estaba relacionado con los dedos, como la huella digital.

Hubo una era intermedia en la que se pusieron de moda aquellos relojes que en lugar de dar la hora con las manillas lo hacían mediante dígitos, es decir con números que aparecían sobre una pantallita de cuarzo… ¡cómo molaban!.

Lo mismo pasó con la radio, que perdió la aguja y el dial para mostrarnos las emisoras sintonizadas mediante unos códigos numéricos que hoy siguen en vigor.

Luego vino el big bang digital que, como el astronómico, se encuentra desde entonces en permanente expansión.

Ahora en fotografía ya no hablamos de la sensibilidad de la película sino del tamaño del fichero jpg o tiff que contiene la imagen. Los vídeos no necesitan cintas para grabar las tomas porque llevan disco duro “inside”.

Arrumbados los folios, los sobres y los sellos, el correo es ahora digital y se llama “email” (que quiere decir “correo” en dialecto electrónico). La información profesional, por su parte, se está digitalizando a tal velocidad que los expertos empiezan a dudar de la supervivencia de la prensa clásica.

Me dicen, y debe ser cierto, que en mi obsoleto mundo digital se empleaba un espectro continuo de magnitudes y valores que variaban con el tiempo de forma constante: creo que se refieren a distancia, temperatura, velocidad, voltaje, frecuencia, amplitud… Todo eso parece haber sido periclitado por los ordenadores, que todo lo hacen y todo lo guardan usando sólo dos cifras, el uno y el cero.

Confieso que me parece algo simplón y monótono, pero es lo que hay, es el lenguaje de la era informática, de la era digital… sí – no, encendido – apagado, “toy” – “no toy”… Parece Barrio Sésamo.

Cuando desaparecieron las máquinas de escribir sí que lo celebré con todos los cohetes que tenía en el polvorín, porque las características del ordenador me parecieron maravillosas ya que podía corregir, cambiar, reordenar, quitar y poner a mi aire y con el mínimo esfuerzo, sin tener que volver a escribirlo todo. Como periodista que soy, el avance me pareció monumental.

Hoy en casa hay cuatro ordenadores. En el mío incluso tengo conectado uno de los 17 millones de sintonizadores de TDT que se han comprado en España… Y que, por cierto, ahora me dicen que cuando llegue el “apagón digital” me va a servir de bien poco. He intentado averiguar, pero nadie parece capaz de aclararme si mi sintonizador se convertirá en residuo tóxico urbano cuando llegue la tele digital de pago, esa que dicen que será interactiva y en alta definición.

Lo mismo me pasa con la tele, así que estoy estirando la que tengo aunque me gustaría plantar en el salón una de esas que son como un cine, extraplanas, en las que parece que las cosas están vivas. Pero me han avisado de que tenga cuidado porque lo mismo me compro la que no es y luego necesita un adaptador, por mucho que sea de la más alta gama.

El problema es que no sé dónde iba a poner el dichoso adaptador, si encima del TDT o del lector de DVD, junto al chisme de la Wii, debajo de la vieja grabadora de VHS, en medio de los dos cacharros del Home Video o directamente apoyado en el equipo de sonido.

Yo sé que la tecnología digital evoluciona tan rápido que su horizonte alcanza apenas a un año o dos, pero eso de que el TDT ya esté viejo antes de que empiece el servicio me parece excesivo.

El caso es que la cuenta atrás está en marcha y el próximo 30 de junio entrará en vigor la primera fase del apagón analógico, y cinco millones de privilegiados de ciertas localidades “elegidas” se van a comer con tomate sus sintonizadores TDT o, en el mejor de los casos, verán cómo se les han quedado viejos de hoy para mañana… ¡Que triste gracia!

¿Por qué pasa todo esto? Pues te dejo elegir entre tres razones: a) Porque las ciencias adelantan que es una barbaridad, b) Porque los científicos también se equivocan y c) Porque éste es un negocio de tomo y lomo, un auténtico timo de la estampita con el que nuevamente se nos quedará cara de tontos a los consumidores. Sí, la respuesta correcta es la “c”.

Por lo que he leído, no me hagáis mucho caso, lo que hay que comprar son receptores certificados con el estándar MHP, porque sólo esos son capaces de ofrecernos la prometida interactividad y la capacidad de leer las señales Mpeg4 H.264 propias de la televisión en alta definición.

Yo, de momento, me voy a esperar a ver si se aclaran. Pero si me animo, evitaré comprarme algunos modelos concretos de TDT que un amigo que entiende –de electrónica, aclaro- me ha dicho que no van muy finos.

Y si el día del famoso apagón ves que te va a dar el pasmo porque ya no te vale ninguno de los aparatos que tienes en casa, sugiérele al cardiólogo que te inyecte “digitalina”. ¡No verás la tele, pero seguirás aquí!

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~ por kalicom en 3 junio 2009.

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