Michael Jackson ha muerto… ¡Vaya por Dios!

michaeljackson_BLOGLlevo unos días que no sé por dónde me da el aire con esto de la muerte de Michael Jackson. Comprendo que se haya producido un gran despliegue mediático, faltaría más, pero no termino de ver clara la reacción de la gente. Si esto es una muestra de la calidad de criterio de la humanidad de mi época, estoy realmente preocupado.
Permitidme que no comprenda que, como ya ocurrió con Elvis, haya muchedumbres sollozando y bailando con caras compungidas por las calles de los cinco continentes. Es comparativamente desmedido si pensamos que casi nadie hace otro tanto por razones mucho más justificadas, como la muerte de miles de niños por el hambre, la enfermedad y la guerra; o las atrocidades e injusticias de tantos políticos y líderes religiosos.
No puedo entender que la gente se limite a mover la cabeza cuando el planeta está en vías de extinción climática, ideológica, económica, laboral y psicológica, y sin embargo se rasgue las vestiduras porque un artista cincuentón se ha pasado con el Dimerol.
¡Cuidado! No estoy discutiendo ni uno solo de los méritos artísticos de Jackson, que me pareció y me parece un magnífico cantante, compositor y bailarín. He admirado su trabajo desde aquel día, a comienzos de los noventa, en el que sacaron por la tele el maravilloso videoclip “Thriller”. En aquel mismo momento tuve muy claro que el chico de los Jackson Five había inaugurado una nueva época de la música y de la forma de promocionarla.
Durante todos estos años he disfrutado de sus creaciones y he sonreído ante sus excentricidades. Creo que era un hombre triste que intentaba recuperar esa infancia normal y corriente que su éxito prematuro en la música le negó.
Que duda cabe que fue un personaje peculiar: filántropo, creativo, excéntrico, maníaco, imaginativo… Tenía una voz privilegiada que era capaz de abarcar cuatro octavas, entre los agudos imposibles de un contratenor y el punto opaco de un barítono. Y bailaba de esa manera casi ingrávida que le permitía su “paso lunar”. Era magnífico.
Me daba pena de que siempre se avergonzara de sus muchas manías intentando justificarlas: que si su blanqueamiento era vitíligo, que se operó la nariz para alcanzar notas más altas, que siempre iba tapado porque tenía soriasis… Yo no habría dado tantas explicaciones.
Creo que Michael era un chico triste que buscaba en los niños su infancia perdida, aquellos donuts que su padre le traía a la vuelta del trabajo.
No me interesan sus obsesiones, sus juicios, sus excentricidades. Eso es algo inherente a la riqueza mezclada con la inestabilidad emocional. Creo que lo que hay que valorar es su legado artístico, su talento, sus 750 millones de discos vendidos, sus 14 Grammy y sus 13 números uno.
La vida es larga y Jackson también tuvo fracasos comerciales en sus últimos años y eso le llevó a los analgésicos y a los antidepresivos que fueron debilitando su corazón. Descanse en paz.
Y, por favor, todos los que habéis salido a plañir en público vuestro dolor en manifestaciones multitudinarias, guardad un poco de sensibilidad para enfrentaros también al paro, al hambre, a la enfermedad, a la injusticia, a la prepotencia de los políticos, a la rapiña, al desprecio por el medio ambiente, al racismo, a la homofobia, a la tortura y a la intolerancia.
Yo también siento que se haya muerto este señor, pero no creo que por eso tenga que tomarme un Valium. Además, lo mismo me aficiono al Diazepam y acabo como el pobre Michael.

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~ por kalicom en 28 junio 2009.

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