¡Deja de escapar y agárrate al presente!

mandala-blue-flowersLas personas que en el mundo han sido y serán pueden ser clasificadas en cuatro tipos: los que sufren por culpa de sus decisiones pasadas, los que sufren pensando en lo que les espera en el futuro, los que sufren buscando ansiosamente la felicidad y los que aceptan y viven el presente.
Todos encajamos en alguno de estos cuatro modelos, o incluso en varios a la vez. Pero sólo el último es realmente aconsejable.

¿Te encuentras hundido, cansado, sin ganas de comer ni de ir a ninguna parte y rumiando cosas que te pasaron? ¿Te sientes culpable y piensas que eres imperfecto, torpe, insignificante? Pues es muy probable que tengas una depresión. La depresión es una reacción ante lo que ya pasó en nuestra vida, es el fruto de un análisis insano de tus errores, de las circunstancias que te afectaron, de las decisiones que tomaste. Es una relación con el mundo del pasado en la que no se han cerrado las cicatrices, lo que te sigue produciendo un intenso dolor.

Sin embargo, si tus problemas se relacionan con el futuro, lo que suele atenazarte es la ansiedad, que está relacionada con lo que tienes que hacer, con lo que estás aplazando porque no sabes cómo abordarlo, con las presiones que te ponen delante un mundo en el que no sabes si te moverás con soltura, con los condicionamientos que te obligan a tomar decisiones que te asustan.
La ansiedad, en esencia, es una respuesta ante un peligro, ya sea real o imaginario. Puede ser simplemente una necesidad de adaptación que exige tomar una decisión. El que tiene ansiedad se encuentra ante un reto que no sabe cómo superar sin sufrir daños.
Los síntomas de la ansiedad son tan molestos como abundantes: sudoración, palpitaciones, taquicardia, estómago revuelto, sensación de falta de aire… No son más que el fruto de la preparación del organismo para una situación de peligro; lo que pasa es que ese peligro en realidad no existe, es imaginario.
La ansiedad es miedo, miedo a quedarse encerrado, miedo a estar con la gente, miedo al sexo, miedo a salir de tiendas… llega incluso a manifestarse en miedo a salir de casa, convirtiéndote en prisionero de ti mismo.
El problema de la ansiedad está en el pensamiento. La comunicación con el exterior se produce en cierto orden: primero pensar y luego sentir. El cerebro de la persona que sufre ansiedad interpreta como reales peligros que en verdad no existen. Si el cerebro piensa que algo malo va a suceder, al final aparecen los trastornos.
La persona con ansiedad tiene síntomas ficticios pero los sufre como si fueran reales. Siente que ha perdido el control y que puede volverse loca, se ve atenazada por un miedo opresivo a sufrir un infarto, a que ocurra alguna desgracia, a atragantarse, a producir demasiada o poca saliva, a respirar en exceso o de forma insuficiente, a objetos o personas concretas, a trenes y aviones, a los ascensores, a estar enferma, a tener un accidente…
Poco a poco el mal se van extendiendo, va ocupando nuevas parcelas de su vida y su pensamiento hasta que la colonizan de tal maneta que termina bloqueada.
La buena noticia es que la ansiedad no puede transformar los síntomas imaginados en enfermedades reales: aunque te parezca que te va a dar un infarto, éste no se producirá; aunque creas que no tienes aire para respirar, sí que lo tienes. Esa es la realidad.

El tercer grupo que mencionaba es el de los que tratan constantemente de encontrar la felicidad, la verdad o la divinidad, todo depende de su cultura y su educación. Intentan alcanzar una certidumbre absoluta que les haga felices y les permita comprender la soledad, la crueldad y el sufrimiento que les rodea. En realidad los buscadores de felicidad lo que hacen es perseguir una utopía que les facilite el abandono de su vacío, su desdicha, su desesperación, su confusión. Buscan un narcótico que les haga sentirse en paz, seguros y equilibrados.
El problema es que se trata de una huída hacia ninguna parte. Escapan de los hechos para caer en ilusiones, esperanzas y anhelos que no son reales. Se trata de una búsqueda ineficaz, prácticamente sin posibilidades de éxito. Por eso, al final, el buscador sufre y se siente frustrado.

El último grupo, creo que el más deseable, es el de los que liberan su mente del deseo de escapar y se enfrentan cada día a la vida, dispuestos a descubrir y comprender cuál es la causa fundamental del sufrimiento, en tanto que el sufrimiento es la realidad con la que conviven.
Pero para descubrir la causa del sufrimiento, la mente tiene que liberarse antes de los ideales, porque los ideales no son sino trampillas para escapar de la realidad, ilusiones que nos ofrecen esperanza y estímulo para liberarse de esa realidad que es el presente.
¡Olvida los ideales y mira la realidad de la confusión que te rodea! Para vivir el presente en paz primero hay que comprenderlo y aceptarlo. Hay que sufrir de forma intensa e inteligente, sin escapar hacia el futuro ni buscar refugio en el pasado, cogiendo de la propia agudeza del dolor la fuerza necesaria para liberarse. En el proceso de discernir la naturaleza del dolor éste se irá diluyendo poco a poco.
Deja que tu mente se libere de todas las ilusiones, de todos los temores, de todos los prejuicios y anhelos, hasta que haya desaparecido toda expectativa. Entonces, sólo entonces, podrás empezar a pensar.
No busques la perfección; únete al flujo continuo de la realidad, con la mente libre de finalidades ni certidumbres, que no son más que deseos ocultos de una cápsula protectora.
Y para ponerte en marcha y preparar tu mente, utiliza con abundancia esa medicina infalible que es el perdón. Sé generoso y perdona a los que te hirieron, a los que no te escucharon, a los que no te comprendieron, a los que no te amaron; pero, sobre todo, perdónate a ti mismo, sinceramente. Cuando el perdón se instale dentro de ti sentirás una extraña y maravillosa plenitud.
Entonces, respira hondo y sé razonablemente feliz en el presente, en la realidad.
Por cierto, también es buena medicina para el alma el mantener un grado razonable de actividad física e intelectual, para que el techo del salón o la tele no se conviertan en nuestro tema preferido de contemplación.

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~ por kalicom en 19 julio 2009.

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