El extraño caso de las ratas, los gatos y las gaviotas

Leía el otro día sobre lo delicado que es casi siempre el equilibrio de los sistemas biológicos, y me acordé de un caso curioso que viví personalmente hace veinte años. Ya me diréis cuando os lo haya contado si no merece convertirse en la tesis doctoral de un biólogo.
El escenario fue el Real Club Náutico de la Coruña, cuyos socios estaban muy preocupados porque las olas que levantaban los barcos que salían y entraban del puerto terminaban estrellándose en los balandros y motoras amarrados a los pantalanes del Club, lo que derivaba en una triste cosecha de cascos rotos, mástiles partidos, amarras arrancadas y material inutilizado.
ROMPEOLASBuscando soluciones se encontraron con que en Holanda habían ideado un rompeolas flotante hecho con ruedas viejas de coche entretejidas con cuerdas y que llevaban dentro una pieza de poliestireno expandido para que flotaran. Se pusieron entonces en contacto con la empresa Michelin, que enseguida se ofreció a proporcionarles las 36.000 ruedas que los técnicos necesitaban para construir la estructura.
En principio, hasta que empezó el montaje, los neumáticos se depositaron en un descampado de los terrenos del Club, formando una impresionante montaña negra. Y ahí empezó la pesadilla.
Las ratas que vivían en los tejados y alcantarillas de los alrededores del Náutico, embelesadas con los mil escondrijos que ofrecía aquel Everest de goma decidieron instalarse en él. Por su parte, los gatos que compartían su mismo territorio se encontraron de repente sin su plato favorito y optaron por trasladarse también a los terrenos del Club, que de la noche a la mañana parecía el escenario de una plaga bíblica.
¿Qué pasaba entretanto en los tejados que habían abandonado primero las ratas y luego los gatos? Pues que las gaviotas, libres de depredadores, pusieron allí sus huevos. De ellos empezaron a salir pollos gordotes, pelones y torpes que constantemente se despeñaban a la calle, cayendo encima de los asustados y confundidos transeúntes.
La cosa amenazaba con terminar en tragedia zoosanitaria cuando los técnicos se pusieron manos a la obra y construyeron un hermoso rompeolas flotante de 200 metros de largo por 25 de ancho que acabó con el problema del oleaje.montaje porespam
Desaparecida la montaña artificial, las ratas, despojadas de sus escondrijos, volvieron a los tejados. Los gatos, claro está, las siguieron, y de paso dieron buena cuenta de los pollos de gaviota, que así dejaron de caer como pedrisco sobre los paseantes de la Avenida de la Marina y del Paseo de Parrote. En resumen, todo volvió a la normalidad.
Hubo incluso un beneficio colateral ya que el entramado que formaron los neumáticos, los cabos de nailon que los unían y los bloques de hormigón sumergidos en el fondo rocoso para anclar la enorme estructura, se convirtió en un magnífico arrecife artificial que pronto fue hogar de alevines de peces de diversas especies y de pequeños crustáceos.
Es una buena lección de lo delicado que resulta el equilibrio de los ecosistema y lo profundamente que hay que meditar cualquier decisión que los afecte.

Perdonad la baja calidad de las fotos, sacadas de periódicos de la época.

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~ por kalicom en 9 agosto 2009.

19 comentarios to “El extraño caso de las ratas, los gatos y las gaviotas”

  1. me ha encantado la historia, y he aprendido mucho, gracias por publicarla.

  2. Una cidad sin gatos es una ciudad mas sucia, siempre ha sido así y siempre lo será

  3. Estoy totalmente de acuerdo gOto, pero también es necesario controlar las colonias de gatos para que no se disparen.
    No estoy hablando, evidentemente, de sacrificarlos, sino de castrarlos y luego devolverlos a la colonia, que es lo que tratan de hacer las buenas sociedades protectoras de animales.

  4. Los ecosistemas son más “inteligentes” de lo que se piensa la gente y poseen cierta resiliencia. Es lo que pasó hace 20 años en A Coruña. Del mismo modo, si una laguna que alberga aves migratorias durante ciertos periodos al año, tuviese que ser drenada, las aves que en ese momento habrían desaparecido, volverían al año siguiente sin problemas.
    Las ratas encontraron un filón de comida entre los neumáticos, lo explotaron hasta que las dejaron y luego tuvieron que buscar otro sitio para comer, que resultó ser el mismo que ocupaban antes.
    Los gatos son los peores “depredadores” que hay. Comen de todo. Ratas, gaviotas, reptiles… les da igual. Son el peor peligro en introducciones animales porque, además, no tienen depredadores que disminuyan el número en sus poblaciones, lo que las hace aumentar de manera exponencial. Acabar con el lastre (ancianos) y castrar a los juveniles es una buena solución para contener las poblaciones (es lo que se hace con las poblaciones de ungulados como el corzo).
    Éste tema está ampliamente estudiado por los zoólogos conservacionistas y por los ecólogos (ambos biólogos). Es muy interesante.

  5. redaccion sencilla y divertida! lo he entendido!! enhorabuena

  6. Lynaila ha empleado en su comentario una palabra muy importante que quizá no todo el mundo conozca; me refiero a “resiliencia”. Quisiera aclarar que es un término que hace referencia a la capacidad que tienen los seres, incluidos los animales, para superar o sobreponerse a cosas que les afectan emocionalmente. Cuando un animal o una persona tiene una resiliencia adecuada es capaz de superar los contratiempos e incluso de salir fortalecida del trance.

  7. muchas gracias, desconocía la historia de mi propia ciudad…ahora me siento más parte de ella, gracias a ti…

  8. Muy buena la nota. Felicitaciones.

  9. Estoy de acuerdo hasta cierto punto. Resiliencia se define como la capacidad de un material de volver a su estado original tras haber sufrido una pertubación. Pongamos como ejemplo un bolígrafo bic. Puedes sujetarlo por ambas puntas y forzar el doblez hasta cierto punto: si lo sueltas volverá a su estado original; si sigue forzando, se romperá.
    Con los ecosistemas pasa lo mismo. Tienen cierta resiliencia, aunque unos más que otros, obviamente. Pueden sufrir perturbaciones (como el abandono por parte de una población que cumplía con una función -o desempeñaba un nicho ecológico- muy importante, en este caso, las ratas) y recuperarse (al volver las ratas) hasta alcanzar un cierto equilibrio.
    Es un concepto muy interesante, sobre todo a la hora de estudiar hasta qué punto la resiliencia es efectiva.

  10. Hola, muy buen blog, esta muy bueno el contenido, te invito a pasar por el mio:

    http://juano18.wordpress.com/

    Saludos!!!

    • Hola Juan,
      He pasado por tu blog y aunque lo mío no son los temas deportivos, me parece estupendo: variado, ameno y bien construido gráficamente.
      Yo, como puedes ver todavía estoy trabajando aspectos de la presentación.
      Todo se andará.

      Un saludo afectuoso desde Madrid.

      Carlos Barrón.

  11. hımm….Una cidad sin gatos es una ciudad mas sucia

  12. Y de una u otra forma los neumáticos sirven a las gaviotas como sitio de descanso.

    Excelente ejemplo de Ecología de Poblaciones. Muy oportuno para explicar las interacciones a estudiantes.

    Te felicito por publicarlo.

  13. […] El extraño caso de las ratas, los gatos y las gaviotas « imaginaalojada en kalicom.wordpress.com/2009/08/09/el-extrano-caso-de-la-ratas… joneada por me_joneo_pensando_en_ti hace poquitos segundos […]

  14. hablando de plagas nosostros somos la plaga realmente…y depredadores… y no los gatos que al menos mantienen limpia la ciudad

  15. […]  https://kalicom.wordpress.com/2009/08/09/el-extrano-caso-de-la-ratas-los-gatos-y-la-gaviotas/ […]

  16. interesante el tema del rompeolas, pregunto la instalación de llantas en mar implica algúna autorización de Impacto al ambiente y si tiene algún efecto de contaminación por utilizar compuestos etc. le agradesco saludos desde merida yucatan mexico pd se pregunta porque un jaulas flotantes para pescadores y nuestro frente de agua es rudo at rene

    • Estimado Rene, supongo que como esta historia ocurrió hace ya años y en España, deberías consultar la legislación mexicana sobre impacto ambiental.
      Sí recuerdo que cuando se instaló este dique flotante en La Coruña, me comentaron que se había generado todo un ecosistema en él porque constituía una protección para pequeñas especies marinas.

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