¿Mi gato es más listo que tu perro?

SUPER MICA_BLOGÉsta es una de esas eternas discusiones entre los que tienen perros y los que viven con gatos. Y las espadas seguirán estando en alto porque los amantes de cada especie la defiende con una pasión desbordada que deja poco espacio a la información científica.
La verdad es que tanto los perros como los gatos tienen una inteligencia mayor de lo que se creía, y son capaces de manifestar sentimientos complejos como amor, odio, celos, envidia, o culpa, que muchos consideraban exclusivamente humanos.
Pero volvamos a la pregunta: ¿Los gatos son más listos que los perros? Pues antes de buscar una respuesta tenemos que ponernos de acuerdo sobre qué es la inteligencia. En realidad la inteligencia es un cóctel formado por tres cosas básicas: el instinto, que es pura genética; la capacidad de adaptación, que es la que permite aprender y la disposición a la obediencia, que depende de la personalidad de cada animal.
Según una información que apareció hace pocos días, los perros son tan listos que pueden llegar a entender entre 165 y 250 palabras; pueden contar hasta cuatro o cinco y son capaces de resolver problemas, asimilar conceptos simbólicos, comprender de qué habla la gente y descifrar el lenguaje gestual.
¿Eso quiere decir que a su lado los gatos son tontos? Pues claro que no. En el cóctel de inteligencia de los gatos la proporción de la genética es significativamente mayor, por eso, si un gato es abandonado solo en plena naturaleza tiene más posibilidades de sobrevivir que un perro ya que su equipamiento instintivo lo hacen autosuficiente. El perro, sin embargo, es un animal de manada y necesita que ésta lo apoye, sea perruna o humana.
Los gatos, como los perros, son capaces de aprender un montón de rutinas y juegos que comparten con los de casa.
La gran diferencia entre el perro y el gato es que el primero sólo se concibe en el seno de un grupo, con sus jerarquías y su disciplina. El gato sin embargo es solitario, territorial, independiente, desconfiado, cauteloso y astuto como todos los felinos. Y no puede ser adiestrado, sencillamente porque no le interesa en absoluto aprender rutinas. Él es muy cariñoso cuando quiere, sociable cuando le apetece y mimoso hasta que se cansa.
El perro se entrega incondicionalmente, disfruta con la sumisión y la obediencia. El gato puede ser arisco si algo no le apetece. El perro necesita a los humanos. El gato los tolera, aunque muchas veces también los quiere y se lo demuestra.
Esa es la naturaleza de cada uno y así debemos aceptarlos.
Los que tienen perros los quieren por su fidelidad, por su capacidad de empatía, por su ternura. Los que tienen gatos por los fugaces momentos de cariño, por los ronroneos, por la belleza de sus movimientos, por la paz que transmiten cuando están relajados, por su espíritu independiente.
Y no es un problema de si los perros o los gatos son los más listos, simplemente ocurre que la receta de sus inteligencias es diferente. Es como comparar peras con alcachofas.
Son tan distintos como distinta fue su domesticación. Los primeros lobos se acercaron a los hombres hace muchos miles de años, cuando las personas aún formaban pequeños grupos de cazadores y ni siquiera habían comenzado a desarrollarse la agricultura y el sedentarismo. Buscaban comida y protección, y los humanos necesitaban buenos centinelas de oído privilegiado y fino olfato, además de compañeros eficientes para la caza. La cosa funcionó.
La domesticación de los gatos además de ser más tardía llevó un camino muy distinto. Genéticamente nuestros gatos están mucho más cerca de sus hermanos salvajes de lo que lo están los perros de los lobos. Los gatos se acercaron a los hombres cuando éstos ya eran sedentarios, y lo hicieron buscando roedores y pájaros que vivían en las casas, en los graneros y su entorno. Hombres y gatos se toleraron por mutuo interés, digamos que aprendieron a soportarse. De hecho, la mayoría de los biólogos opinan que la domesticación del gato aún no se ha completado y que éstos conservan el instinto de sentirse más unidos a los lugares que a las personas. Lo cierto es que un gato nunca debe ser considerado propiedad de nadie, sino simplemente compañero de piso.
Quizá las personas exageramos un poco cuando decimos lo listo que es nuestro perro o nuestro gato porque el cariño que les tenemos condiciona nuestra opinión, pero es evidente, y no hace falta ser un científico para verlo, que nuestras mascotas son inteligentes, razonan, tienen sentimientos y los expresan.
Claro que también hay quien dice, cegado por ese cariño, que son más listos que algunas personas. Eso sí que es una santa estupidez: aunque emocionalmente sean similares a nosotros y tengan habilidades mentales, nunca se acercarán a nuestra capacidad de pensamiento, sobre todo de pensamiento abstracto.
Pero en cualquier caso, no me neguéis que tanto los perros como los gatos son un precioso regalo de la naturaleza. Y da igual lo listos o tontos que sean.

La foto que abre esta entrada es de mi preciosa gata Mica. No está mi otra gata, Kali, porque no le gusta salir en las fotos.

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~ por kalicom en 16 agosto 2009.

2 comentarios to “¿Mi gato es más listo que tu perro?”

  1. Los gatos si que pueden aprender rutinas, pero tienes que dar con la recompensa adecuada, o sea, comida 🙂

    La diferencia para adiestrar a un perro o a un gato, es que la recompensa social (el elogio) sólo es válido para los perros…de ahí que se diga que son más inteligentes, cuando el adjetivo que tendría que usarse es OBEDIENTE.

  2. Tu madre los perros son los mejores mascotas del mundo!!!

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