El divismo destruye el buen criterio de Annie Leibovitz

Siempre he admirado la obra de la fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz, pero después de ver su última exposición en Madrid creo que tiene un serio problema de divismo que se me hace insoportable. Me imagino que el bache económico que está atravesando también es fruto de ese distanciamiento de la realidad y de la lógica.

72145331SW003_MTRDocFest_PrVaya por delante mi absoluta admiración hacia la obra de Annie Leibovitz, cuya cámara se han disputado reyes y deportistas, actores, artistas, militares, políticos y toda esa gente que ha transitado por su vida de documentalista, retratista y fotógrafa del mundo publicitario.
Su extraordinaria sensibilidad, su sentido de la luz y de la forma, su capacidad para captar las texturas, su habilidad técnica, su originalidad y su visión innovadora son indudables, y la han encumbrado, seguro que con justicia, al puesto de fotógrafa número uno del planeta. Pero, al mismo tiempo, se ha sumergido en una niebla de divismo que la mantiene preocupantemente lejos de la realidad.

A comienzos de esta semana visité su exposición “Annie Leibovitz: vida de una fotógrafa. 1990-2005”, una muestra de dos centenares de fotos de la artista, que va a estar abierta 80 días en Madrid y que ya ha contado con más de 66.500 visitantes, más de los que tuvo la de Andy Warhol a principios de 2005. Y lo más suave que puedo decir es que salí de la sala bastante decepcionado.

¿Por qué? Porque una parte importante de la obra expuesta entraba en el capítulo que el programa describía de esta forma tan pretenciosa: “El trabajo de Leibovitz presentado en esta exposición es una colección de imágenes con una enorme intensidad emocional que eclipsan su obra anterior. En particular, sus espontáneas instantáneas personales expresan un grado excepcional de intimidad, afecto y familiaridad, así como una absoluta franqueza. …Así como numerosas fotos de familia privadas y retratos de pequeño formato en blanco y negro”.
Lo que yo pude ver fueron fotos de esas que uno guarda en el álbum de casa. De las vacaciones en la playa, de los niños jugando, de momentos familiares. Esas típicas fotos que ni se nos ocurre enseñar a las visitas para no aburrir. A ellas se añadían fotos muy íntimas -y no exentas de voyeurismo- de su amiga Susan Sontag. Y no hablemos de una serie de fotos de sus padres, a los que la cámara de la artista no respeta ni en sus aspectos más privados, ni en sus momentos finales.
Con la excepción de un retrato en formato medio de su padre y su hermano Philip, realmente bueno, la mayoría de estas fotos privadas carecen de valor artístico y sólo se justifican en las paredes de la exposición por un capricho absurdo de la artista. Dudo mucho que la fallecida Sontag aprobara ver su más íntima desnudez paseada por Nueva York, París, Londres, Berlín o Madrid, que han sido las sucesivas sedes de esta exposición.
A mí, este despliegue de privacidad me parece que es una lamentable y artísticamente deshonesta concesión al morbo de mitómanos y fetichistas.
¿Puede haber alguna explicación? Quizá sí. Annie Leibovitz nunca se ha destacado por su mesura a la hora de hacer sus famosos retratos: subió a Schwarzenegger a la cima de una montaña, sumergió a Whoopi Goldberg en una bañera de leche, cerró el palacio de Versalles para fotografiar a Kirsten Dunst caracterizada de María Antonieta. A ella se le permite todo y todos quieren posar para ella y quedar inmortalizados en una de sus maravillosas creaciones hiperrealistas.
Pero Annie es peor administradora que artista y cuando llegó la crisis hizo lo que muchos artistas y coleccionistas de arte. En diciembre de 2008 pidió un préstamo a una sociedad financiera a cambio de una hipoteca sobre sus obras.
Hoy debe 24 millones de dólares a Art Capital, y el plazo le vence el ocho de septiembre. Además de sus archivos fotográficos, que han sido valorados en unos 50 millones de dólares por el New York Times, están hipotecadas su casa y otra residencia que posee al norte de Nueva York.
Los neoyorkinos hablan de lo mal que Leibovitz administra sus bienes, de sus delirantes puestas en escena y de su creciente gusto por el lujo. Quizá en este desajuste vital de Leibovitz encuentre justificación el que se hayan colgado esas fotos particulares que nada pintan en una exposición de la maravillosa artista, de la que la editora de Vogue, Anna Wintour, ha dicho: “El presupuesto no es algo que entre en su consciencia, pero vale la pena porque, al final, ella te da una imagen como nadie la puede lograr”.

Nota final: disfruté, admiré y aprendí extraordinariamente contemplando maravillosas fotografías que Annie ha expuesto en esta cita en Madrid… Soy un admirador sincero, por eso me cabrean estas salidas de tono.

La imagen es de Scott Wintrow/Getty Images.


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~ por kalicom en 30 agosto 2009.

Una respuesta to “El divismo destruye el buen criterio de Annie Leibovitz”

  1. http://agitaciondesdelaperiferia.blogspot.com/2010/02/life-of-emotions-photographers-life.html

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