Cuando los reyes de la baraja todavía eran príncipes

BARAJA ESPAÑOLA-BLOGLlevo toda mi vida arrastrando la vergüenza de no saber jugar al mus. Juro que lo he intentado. Más de una vez me he sentado pacientemente en la periferia de una partida para observar y tratar de entender y aprender, pero sólo he sacado confusión y un nuevo palo para mi autoestima. Me resulta frustrante porque, aunque no soy monárquico, siempre me han fascinado los reyes de la baraja, probablemente como efecto secundario de los residuos tóxicos de una educación típica de la España de los sesenta. Lo cierto es que la historia de los reyes de la baraja y sus súbditos naipes me parece más que curiosa.

Desde hace, como mínimo, tres mil años, la baraja y los múltiples juegos que con ella se practican han arraigado con fuerza en el mundo entero, sin distinción de culturas ni credos. El propio lenguaje común sigue rindiéndoles tributo con frases como: “Le voy a cantar las cuarenta”, “Estoy barajando nuevas posibilidades”, “Tengo un as en la manga”, “eres un as”, “No sé a qué carta quedarme”, “Puso cara de poker” o “Tiene un cochazo del copón”, que en su significado nada tienen que ver con los juegos de cartas en sí.

Lo cierto es que los naipes, como todas las bellas artes, han sido tributarios de cada tiempo, de cada cultura y visión del mundo. Posiblemente haya que buscar el origen en China, donde ya se hacían naipes mil años antes de que naciera Cristo, pero no son los chinos los únicos en reclamar la paternidad del juego, ya que también lo hacen hindúes, persas y árabes.
Fue hacia el siglo XIII cuando llegaron las cartas a Oriente Medio, época de la que aún se conserva una baraja de 52 naipes coloreada a mano y dividida en cuatro palos: oros, copas, espadas y “palos de jugar al polo”.
Por las vías de peregrinación a los santos lugares los naipes pasaron a Europa a comienzos del siglo XIV. Poco después, en los distintos ámbitos culturales del continente se adoptan palos acordes con las tradiciones locales: bastones, bastos, cetros, corazones, bellotas, hojas, cascabeles…
La baraja española, que curiosamente es la única del mundo que no tiene reinas, adoptó como palos los oros, las copas, las espadas, y los bastos, a los que se han ido dando distintos significados con el paso de los años: los oros representan la codicia para unos y la riqueza para otros, las copas el hedonismo o la prodigalidad, las espadas la sangre o la autoridad, los bastos la contundencia o la violencia. La visión medieval de la baraja ve en ella los estamentos sociales: oros son los comerciantes, copas el clero, espadas la nobleza y bastos los siervos. No falta quien encuentra en los palos de nuestra baraja las cuatro virtudes cardinales (fortaleza, prudencia, justicia y templanza). Lo cierto es que el aspecto con el que hoy la conocemos se viene manteniendo prácticamente inmutable desde 1877.
Una variedad muy importante de baraja es la francesa, que adopta como palos las picas, los tréboles, los diamantes y los corazones, si bien su significado es parecido al de las cartas españolas: las picas son los obreros, los tréboles el ejército, los diamantes la riqueza y los corazones la iglesia.
La francesa es la baraja elegante y refinada, la que se impone en los salones y rinde tributo a los grandes reyes de la historia: el rey de picas es el rey David, el de tréboles Alejandro Magno, el de diamantes Julio César y el de corazones Carlomagno.
Frente a ella, la baraja española es la popular, la que viajó en las bolsas de los soldados de los tercios, porque no hay que olvidar el viejo dicho “Donde hay soldado hay envite”. La española es la baraja de los pícaros y truhanes, la que navega hasta las colonias de América, la baraja del pueblo.

Los que se relacionan con las cartas saben y aceptan que en alguna ocasión ganarán y las más de las veces perderán, excepto la Hacienda Pública que siempre ha ganado con ellas porque desde muy antiguo vio el potencial recaudatorio de los naipes. Ya en el siglo XVII existía la rentilla de “venta o boya de naipes”. Desde entonces siempre hubo una fórmula impositiva sobre las cartas, ya sea cargando el precio de las barajas con una tasa, o monopolizando su fabricación, importación o exportación.

Los naipes siempre han estado sujetos a los avatares de la historia. En la época de la revolución francesa, por ejemplo, los reyes resultaban incómodos a la sensibilidad revolucionaria y fueron sustituidos por sabios griegos. De la misma manera aparecieron en momentos clave barajas anarquistas y barajas republicanas, barajas en honor a Daoíz y a Riego. En tiempos de las Cortes de Cádiz, todos los reyes de la baraja llevan la efigie de Fernando VII. Hubo barajas que ridiculizaron a los políticos de los bandos contrarios y otras que exaltaron a los del propio. Barajas monárquicas, liberales y conservadoras. Pero eran más para coleccionar que para jugar, porque es tan absurdo hacer política con los naipes como hacerla con la música o la política, así que finalmente volvería el popular cuarteto real con sus mantos de armiño y sus barbas anacrónicas; ese cuarteto al que Lorca dedicó la cancioncilla que empezaba: “Si tu madre quiere un rey, la baraja tiene cuatro: rey de oros, rey de copas, rey de espadas, rey de bastos….”
Hoy, aunque también existen naipes bávaros, napolitanos, japoneses o persas, las barajas que realmente se usan en el mundo son la española, la francesa y la inglesa, que deriva de la anterior. La española sigue teniendo cierto aire popular y con ella se disputan juegos de gusto casero y amistoso: la brisca, el chinchón, la escoba, el julepe, el mus, las siete y media, el tresillo, el tute, el guiñote… Las barajas francesas e inglesas son más internacionales y profesionales y se emplean en los casinos para el poker, el bacarrá, el blackjack, o en los juegos de sociedad para el bridge, la canasta o el gin rummy.
Pero a mí lo que realmente me preocupa es que veo que, por mucho que lo intente, nunca voy a aprender a jugar al mus.

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~ por kalicom en 30 septiembre 2009.

Una respuesta to “Cuando los reyes de la baraja todavía eran príncipes”

  1. Algo que me llama la atención desde hace tiempo es que precisamente los cuatro palos de la baraja española son las cuatro armas del mago, que se reflejan en los cuatro palos del Tarot (no sé cuál refleja a cuál, pero imagino que la baraja española es una popularización). Los oros son los pentáculos, que representan al elemento tierra. Las espadas permanecen iguales, son el aire, el intelecto afilado. Los bastos son las varas, elemento fuego, la voluntad. Y finalmente, las copas permanecen también inalteradas, elemento agua, la emoción.

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