Hasta comiendo somos insostenibles

El “desarrollo sostenible” es aquel que satisface nuestras necesidades de hoy sin que comprometamos con ello la capacidad que tendrán las futuras generaciones para satisfacer las suyas.

Se trata de un concepto básico que debe ser aplicado a todas las actividades humanas, porque son esas actividades las que están pisando el acelerador del cambio climático, del efecto invernadero y de la contaminación del agua, el suelo y el aire. Son esas actividades las que alarman a los científicos que estudian el delicado equilibrio de una biosfera que en cualquier momento puede dejar de ser un entorno habitable.

La sostenibilidad es un tema extraordinariamente complejo, con multitud de aspectos y enfoques. Veamos por ejemplo el de la alimentación humana.

Hablar de alimentación no sólo es hablar de lo que comemos, sino también de todo lo que hace falta para que podamos hacerlo. Se trata de un conjunto de normas, costumbres y modos de organización que denominamos “sistema alimentario”.

Con el paso de los siglos y de acuerdo con el espacio geográfico, los sistemas alimentarios se han ido configurando tomando como base las características ecológicas y sociales de cada entorno. Esta interacción es la que ha determinado el tipo de alimentos disponibles, las características de los paisajes y ecosistemas y las características de las estrategias organizativas y productivas de cada sociedad.

Y al parecer estamos inmersos en un sistema alimentario que necesita serias reflexiones.

Eso apuntan al menos los defensores del medio ambiente cuando hablan de la insostenibilidad de la producción de carne, por ejemplo, que requiere unos recursos desmesurados: para producir sólo 20 gramos de carne, son necesarios 400 litros de agua, lo que lleva a los ecologistas a denunciar que la carne está “secando el planeta”.
Lo cierto es que cada español se come una media de 52 kilos de carne al año (el doble de lo recomendado por los médicos), para cuya producción es necesario consumir 1.040.000 litros de agua. Si ese número los multiplicamos por los 46 millones de habitantes de este país, sale una cantidad de litros que mi calculadora es incapaz de concretar.

Si volvemos los ojos hacia la agricultura la cosa es casi peor: actualmente alrededor del 67 por ciento del agua disponible en España se destina a este sector, especialmente a cultivos como la remolacha, el maíz o las patatas. En su conjunto, los 3,3 millones de hectáreas con los que cuenta nuestro país generan una demanda hídrica de 24.094 hectómetros anuales.

La solución está una producción agrícola y ganadera más eficientes, que no contaminen el suelo, el agua y la atmósfera, y no sean nocivas para la biodiversidad.
Hay que comprar alimentos cultivados lo más cerca posible para reducir los gastos de transporte; hay que escoger frutas y verduras del tiempo porque exigen menos costes energéticos de cultivo y conservación. Además, hay que buscar productos ecológicos, que son cultivados sin plaguicidas ni fertilizantes y que, por ello, son más respetuosos con el medio ambiente.
El perfeccionamiento de los sistemas de cultivo ha logrado una reducción importante de la factura del agua de los agricultores en las últimas décadas, pero aún queda muchísimo por hacer.
¿Cuánto tiempo podemos seguir en esta línea sin que se colapse el planeta?

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~ por kalicom en 2 diciembre 2009.

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