Las dos españas se pelean por los cuernos

Este país siempre ha tenido un pálpito binario: izquierdas y derechas; republicanos y monárquicos… Incluso dentro de la cultura taurina hay toristas y toreristas.
Ahora vuelve el desgarro de las dos españas: una que reclama la conservación de vestigios culturales vetustos y trasnochados, y otra que apuesta por una sociedad más ética, más avanzada en lo social, más acorde con el siglo.

Vivimos un debate apasionado que tiene su epicentro en Cataluña y que confronta a los que desean la supervivencia de la “fiesta” de los toros y a los que exigen la supresión de una tradición obsoleta que banaliza el sufrimiento y reglamenta el martirio de uno de los mamíferos más hermosos e impresionantes del mundo.

La “fiesta” de los toros no es más que un enfrentamiento primitivo y desigual entre mamíferos: por un lado el toro, armado sólo con su nobleza, sus cuernos y su instinto; por otro los hombres, jugadores de ventaja que a pie y a caballo lo rodean, lo marean, lo engañan, lo hieren, lo desangran y lo matan con lanzas, con arpones y espadas. Una bacanal de la sangre, oscura como el lomo de las víctimas, que cada día se distancia más de la sensibilidad social.

¿La España actual está de acuerdo con esta masacre? La encuesta realizada en 2006 por la empresa Investiga (antes Gallup), indica sin lugar a duda que no lo está: sólo un 26,7% de los encuestados eran partidarios de las corridas de toros y en su mayoría se trataba de hombres de más de 45 años; la cota más alta de interés estaba en las personas de 65 o más años.
En dicha encuesta se puso de manifiesto que el 72,1% de la población de este país no quiere saber nada de la “fiesta”; desinterés que resulta especialmente acusado entre los jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 24 años, de los que nada menos que el 81,7% rechaza el martirio y muerte de los toros.

Esta es la realidad de los números. La “fiesta” sobrevive por las subvenciones, por la tele, por el apoyo de ciertos medios de comunicación. La fiesta sobrevive por la cobardía de unos políticos que no se atreven a meterle mano a un tema incómodo y complejo que tanto dinero mete en las arcas locales, autonómicas y nacionales.

Ahora, Cataluña, que siempre ha sido una sociedad más avanzada en sus criterios que el resto de España, está a punto de declarar non grata esta tradición, y la gente del toro está inquieta y tiene el cuajo de decir que se ha politizado el tema y que todo esto no es más que una maniobra antiespañolista.
Pataleo desesperado de quienes saben que esto no es más que el principio, que poco a poco la semilla animalista dará su fruto y dejaremos de ser un país de divertimentos salvajes.

Pero lo que descalifica de forma más radical la vehemente defensa de las corridas de toros, son las propias ideas y palabras de quienes la realizan.
Para qué engañarnos, esperaba más nivel. Al principio incluso me preocupaba que alguien esgrimiera argumentos poderosos que me pudieran sembrar alguna pequeña duda. Nada más lejos de la realidad. He tenido que leer cosas tan ridículas, tan inconsistentes, tan sin fundamento, que mi convicción antitaurina ha quedado sólidamente reforzada.

He aquí, como ejemplo inicial, un comentario de Juan Manuel de Prada en el ABC de Sevilla, que se descalifica con párrafos tan delirantes como este: “Los toros sólo son comprensibles desde el genio católico, que es el único capaz de concebir una religión donde cuerpo y alma vayan juntos de la mano, paseándose con toda naturalidad entre el más acá y el más Allá”… “Los toros son, en fin, una sencilla catequesis con música de clarines; y sólo puede disfrutarlos quien es católico, aun sin saberlo.”
Creo que no hay mucho que añadir porque resulta patético.

La misma escasez de criterio encuentro en las palabras de don Diego Martínez González, presidente La Unión Taurina de Abonados y Aficionados de Sevilla, cuyas declaraciones son también de traca: “Se asiste estos días (¿) cómo se avanza un poco más en demoler la cultura y la tradición de la fiesta de los toros, que como toda cultura arraigada en un pueblo no puede ser suprimida de un plumazo, pero sí puede ir poco a poco, arrinconarse, derribarse y al final suprimirse mediante una manipulación perversa de la democracia por parte del poder político y una omisión vergonzante por quienes tienen más obligación que nadie, el defender con uñas y dientes algo consustancial con la misma historia de un país y con su propio ‘modus vivendi.” ¡Toma ya!

Por su parte, la Plataforma para la Defensa de la Fiesta se muestra muy preocupada porque estamos ante un problema de pérdida de libertad: “Quienes nos sentimos identificados con la Tauromaquia, y la entendemos como expresión cultural que hunde sus raíces en lo más profundo de nuestra historia, queremos defenderla empleando las armas de la razón, el poder de la verdad y la fuerza de la convicción de que merece la pena luchar por nuestra libertad”… “la Fiesta de los toros, patrimonio cultural del pueblo, arte entre las artes, paradigma ético de una verdadera relación con los animales, vive, y con ella, nuestra libertad.”

Especialmente incomprensibles las siguientes declaraciones de un político, el Conseller de Gobernación de la Autonomía de Valencia, Serafín Castellano: “Lo que queremos es compatibilizar, como lo estamos haciendo, la defensa de la fiesta y de las tradiciones, en este caso de los toros, dando las ‘máximas garantías de seguridad’ a los espectadores y que no se maltrate a los animales.”
Que alguien me explique cómo se puede alancear, arponear y estoquear a un animal sin maltratarlo.

A la defensas de matiz político y a las fundamentadas en las tradiciones “intocables”, se unen también las de base “científica”, como la orquestada por la Asociación Malagueña de Tauromaquia, que acude al catedrático de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Illera del Portal, que junto a otros expertos, pretenden demostrar con estudios científicos que el toro no sufre durante la lidia.
Quizá por eso hay tantos veterinarios españoles (supongo que unos pobres ignorantes a los ojos del Dr. Illera) que llevan años pidiendo la abolición de las corridas y denunciando el sufrimiento de los pobres toros.
Acuden incluso los defensores de la barbarie a firmas de prestigio como la de Luis María Anson, quien solicita que la “fiesta” deje de ser competencia del Ministerio del Interior y pase a formar parte del de Cultura ya que, según dice el veterano periodista, que esgrime argumentos esteticistas, vacíos y absurdos para justificar lo injustificable: “Sin tauromaquia no existiría el arte de Goya, Picasso e incluso de artistas como Miquel Barceló o la pintora abstracta Mercedes Gómez Bau, ni existiría una parte sustancial de la poesía como el poema surrealista ‘Elegía por la muerte de Sánchez Mejías’, de Federico García Lorca.”

Me he encontrado en la edición de Tlaxcala del diario ABC un buen montón de frases que no tienen desperdicio por su estupidez y su insensibilidad:
“Los opositores no entienden en lo más mínimo lo que es el toreo. Se fijan mucho en los accidentes, pero no en la esencia. El toreo es, ante todo, un arte, pues como todo arte posee dos características fundamentales: la estética y la técnica.”
“El toreo no es toreo porque se pique y banderillee a los toros, sino porque el torero, provisto de muleta o capote, domina las temperamentales embestidas de un animal con sangre brava y crea belleza, ritmo y plasticidad, eso es lo que gusta.”
“Para los que no sepan, los puyazos -ésta es buena- que dan los picadores tienen un objetivo claro. La carne del toro se come, es para comer. Sin embargo ésta se contamina por la adrenalina, lo que puede provocar graves enfermedades. Pues bien, el puyazo sirve para descongestionar al toro, y mientras sangra, se va purificando.” Alguien debería explicarle a este señor que toda esa adrenalina se genera por el tremendo estrés y el terrible sufrimiento que padece el animal durante la lidia. Pero ojo, porque no contento con lo dicho, el taurino remata con esta otra frase aclaratoria: “El toro produce en demasía esta sustancia porque está tenso desde que lo sacaron de su hábitat para llevarlo a la plaza. Lo mismo sucede con los puercos o las reses que llevan al matadero para que todos consumamos su carne, pero como no se descongestionan, muchas veces nos enfermamos por comerlos y ni sabemos por qué. Las banderillas sirven, además de adorno para el morillo, como medio se reavivar la bravura del toro, visiblemente calmado con el puyazo.” ¡Chapeau!

Y para el final he reservado la perla más brillante, más genuina y definitoria de quienes son y cómo respiran estos taurinos. ¡Disfrutad!:
Finalmente se habla de los derechos de los animales, bueno, esto suena bien pero es una falacia. Los animales no tiene derechos, el término de derecho es un concepto meramente humano, existen derechos porque existen seres humanos, ya que la dignidad humana deriva de que el hombre es fin, es decir, tiene fundamento en sí mismo.
El animal no puede tener derechos porque, como animal que es, su razón en la existencia es el de servir como medio a los hombres, medios para que el hombre viva mejor, ya sea que sirvan como alimentos, transporte o para la investigación científica; los animales están en un nivel inferior; en la escala biológica están por debajo, pero también en las escalas metafísicas. Por ello, importa la especie, no el individuo, ya que la especie garantiza el equilibrio ambiental y el recurso para los hombres. Se dice que hay que cuidar a los animales, y vaya que al toro se le cuida.

Señores políticos, señores veterinarios, señores periodistas, señores conciudadanos… Hay que prohibir y perseguir esta barbarie llamada fiesta de los toros, porque es inhumana, porque es injusta, porque es inmoral, porque es absurda y porque no tiene la menor justificación en un país occidental a estas alturas del siglo XXI.

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~ por kalicom en 30 diciembre 2009.

Una respuesta to “Las dos españas se pelean por los cuernos”

  1. Pero es que todo lo que has expuesto es pura sensatez, y eso que no eres aficionado a los animales de compañia. La única corrida de toros que he visto en mi vida fue aquí, en Almería, durante la Feria Taurina de Agosto de 1989. Salí horrorizado y prefiero más el arte de los “Forçados” portugueses, que no asesinan al toro, que lo que tenemos en España. Además, tu estilo es muy depurado y cómodo de leer. Deberias de publicarlo en El Pais. Enhorabuena defensor de las criaturas que llamamos animales, que es lo que realmente somos la especie “inhumana”.
    Sir Ditiking. Almeria.

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