¿Y ahora qué hacemos con las puñeteras vacunas?

Se ha hablado tanto de la gripe, de la pandemia, de las vacunas, de las farmacéuticas, del Tamiflu y de la OMS, que el tema apesta. Pero es ahora, precisamente ahora, cuando hay que ser implacables exigiendo responsabilidades, cuando hay que desenmascarar a los culpables de esta peligrosa maniobra financiera que ha jugado con la vida de millones de personas y que sólo el sentido común de los ciudadanos ha conseguido parar.

Digo yo que, para ser gente normal de la calle, de esa que no conoce los grandes secretos, que no tiene asiento en los cenáculos del poder, resulta que no somos tan tontos.
De hecho, cuando escuchábamos antes del verano a la Señora Chan anunciarnos el sexto grado del apocalipis, poniendo con ello de los nervios a nuestros políticos, ya torcimos el gesto; y eso a pesar de que teníamos el reflejo de creer en la bondad de intenciones y en la solidez de criterio de la OMS.
Y cuando, ya metidos en harina, vimos que esta era la gripe de pin y pon, nos mosqueamos muy seriamente. Mientras, los gobiernos de todo el mundo se gastaban enloquecidos una pasta gansa –nuestra pasta gansa- en comprarle millones y millones de dosis a la mafia farmacéutica que, casualidades tiene la vida, cuenta entre sus más apreciados mentores con el señor Donald Rumsfeld, que no contento con lo que le produjo el petróleo ensangrentado de Irak, ahora se ha montado una vejez de oro con el miedo de todo un planeta.

Llegados a enero, y habiendo pasado de largo el ángel exterminador, ahora los cerebros pensantes se sienten defraudados, y la propia Comisión de Salud de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa impulsa a través de su presidente, el epidemiólogo alemán Wofgang Wodarg, una iniciativa para investigar el papel de los laboratorios en este gigantesco fraude sanitario, señalando que “Han incitado a destinar los recursos sanitarios a favorecer estrategias de vacunación ineficaces, exponiendo inútilmente a millones de personas con buena salud al riesgo de efectos secundarios de vacunas que no están suficientemente probadas”.

Bueno y… ¿Ahora qué? ¿Qué hacemos con las vacunas compradas? ¿Quién va a dar la cara ante este mayúsculo desatino? ¿Cómo recuperamos el dispendio realizado en plena crisis? Silencios, disculpas, vagas explicaciones… Nada de nada.

Ahí está nuestra Trinidad Jiménez, que se justifica diciendo que “España” (ahora no es el Gobierno sino España) actuó con proporcionalidad; y a renglón seguido trata de ponerse la medalla, jactándose de que vamos a ahorrarnos 170 millones de euros porque ha cancelado la compra de la mitad de las dosis contratadas. Y yo, cuando oigo esto, lo que pienso es que de hecho se ha gastado ya los 170 millones de la otra mitad de las dosis, las que sí compró que, por cierto, la mayoría están por ahí muertas de risa porque nadie se las quiere poner.

Pero eso no es lo peor: sabiendo como sabe ya la ministra que la vacuna es un peligro en sí misma por sus graves efectos secundarios constatados, que ha sido fabricada precipitadamente y vendida sin las necesarias cautelas médicas y con exoneración de responsabilidades legales (algo para mí tan incomprensible y vergonzante como sospechoso), resulta que doña Trinidad señala que las que ya están compradas no se destruirán -que es lo que procedería- sino que se usarán el año que viene. ¿Se imaginan lo temeraria que es la idea cuando los expertos ya han señalado por activa y por pasiva que esta es una vacuna peligrosa y además muy específica, que resulta ineficaz con otras cepas e incluso con una H1N1 mutada?

El día que los políticos se den cuenta de que el pueblo soberano no se llama así porque sea un soberano gilipollas sino porque tiene la soberanía, es decir “el poder “, que delega mediante el sufragio universal en sus representantes, quizá (sólo me atrevo a decir quizá), toda esta caterva de inútiles sea capaz de hacer algo como debe de hacerse, sin miedo a los americanos, ni a Sarkozy, ni a Berlusconi, ni al Papa, ni a la OMS ni a nadie, usando la cabeza y no la Visa Oro.

No soy muy amigo de teorías conspiranoides, pero lo cierto es que todo esto huele a chamusquina. Si no que se lo pregunten a la ex ministra de Sanidad de Finlandia, la doctora Rauni Kilde, que habla abiertamente de una conspiración y declara que todo esto de la peste porcina es “bazofia” y que lo realmente peligroso son las vacunas. Se trata de unas declaraciones quizá excesivas, pero ahí están. Que cada uno juzgue.

Lo que me preocupa ahora es la cantidad de niños, de embarazadas, de ancianos y de ciudadanos en general que se han vacunado inocentemente, confiando en su Gobierno, en la OMS, en las autoridades sanitarias, en lo que decía la tele…

¿No os gustaría tener la lista de los médicos que se la han puesto?. Me sospecho que cabrían en un folio.

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~ por kalicom en 16 enero 2010.

2 comentarios to “¿Y ahora qué hacemos con las puñeteras vacunas?”

  1. Hola, me gustaría invitarte a leer un artículo que he escrito sobre este tema, en el que he recopilado información de varias fuentes.

    LA PRÓXIMA VEZ NECESITAREMOS MÁS MUERTOS

    http://www.terceraopinion.net/2010/01/31/necesitaran-mas-muertos/

    Un saludo.

  2. Amigo Eloy,

    Veo en tu blog que, como yo, estás muy harto de los políticos, los financieros, los industriales y manipuladores en general.
    ¿Ves alguna solución? Esta gente es capaz de cualquier cosa, sin escrúpulo, sin conciencia, sin dudar, sin arrepentirse.
    Me consta que es muy difícil luchar contra ellos, aunque también es cierto que tenemos tres armas poderosas, potentes y de muy largo alcance: el conocimiento, la información y la comunicación.
    Creo que la gente normal, la gente de la calle, los millones de donnadies que llenamos este mundo, podemos organizar una resistencia pacífica pero implacable contra toda esta manipulación.

    Un abrazo.

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