¿Por qué desperdiciamos el presente analizando el pasado y especulando con el futuro?

El único encanto real del pasado estriba en que ya ha pasado, si bien es cierto que también es el material con el que elaboramos el futuro, puesto que el pasado da cuerpo a nuestra experiencia y tenemos la fea costumbre de utilizar el presente sólo como trampolín para saltar al porvenir, porque es ahí donde situamos todas nuestra metas. Eso ocurre porque convertimos la vida en una especie de road movie en la que la gracia esta precisamente en el movimiento continuo.

¿De quién es el futuro? Pues de todos y de nadie. El futuro es lo potencial, lo inalcanzado, lo intocado, en él todo es posible y nada es seguro salvo que allí nuestro presente de ahora será inexorablemente el pasado al que ya no podremos volver ni podremos modificar.

No deja de ser curioso que, a pesar de la inmaterialidad, de la inconsistencia, de la imprevisibilidad del futuro, nos pasemos el presente engañando a la consciencia con promesas de lo que nos reportará: dinero, amor, salud, progreso, estabilidad. Eso impide que disfrutemos adecuadamente “lo que ahora es” porque nos bloquea la ansiosa inquietud de pensar en “lo que será”.

Pero cuando ese futuro de promesas se haga presente, la realidad resultará mucho menos triunfante, mucho menos impresionante de lo que lo fueron los anhelos y por eso dejaremos de mirar al punto en el que se asientan nuestros pies, al presente, y volveremos a sustentar nuestras esperanzas en un nuevo futuro igual de impreciso, igual de aleatorio.

Resulta lamentable que vivamos esperando, para darnos cuenta un día de que la esperanza ya no forma parte de nuestro equipaje porque hemos ido desperdiciando los presentes, los días de nuestra vida, confiando en prometedores futuros en los que nunca se cumplieron las expectativas y que, por lo tanto, ya sólo nos queda el pasado. Pero aún entonces pensaremos en mañana.

Esto ha sido así desde el principio de los tiempos porque el alma humana es una especie de generador de ilusiones que sólo se detiene cuando lo hace el cerebro. Somos la única especie sobre la tierra capaz de morir o matar por una idea. Son las ideas las que hacen a los héroes, no el hambre o la sed. Los monumentos se levantan en honor a personas que amaron a un país, a una bandera, a un enfoque ético, a una tradición. Cosas demasiado abstractas para canjearlas por la nada que encierra la muerte. Pero así es como somos. Por eso, tendemos a anteponer a la realidad del presente los recuerdos del pasado o las ilusiones de un futuro que sólo es un espejismo en nuestra mente.

Una reciente entrada en el blog de Eduard Punset indica que para nuestro cerebro “Es mucho menos probable de lo que se creía hasta ahora que nuestras necesidades fisiológicas revistan un grado de urgencia mayor que nuestros sentimientos”.

Ocurre pues que nuestro cerebro trata igual las necesidades afectivas que las físicas, con lo que no es de extrañar que nuestro proceder, nuestra planificación, nuestras reacciones y nuestras esperanzas estén más en función de expectativas inmateriales que de necesidades físicas concretas.

Al final en la vida todo se reduce a si somos o no felices con lo que hemos sido, con lo que somos y con lo que esperamos ser. Pero ahí está la trampa, porque la felicidad no está fuera sino dentro de nosotros. Nosotros elegimos ser felices, al margen de las circunstancias.

Puedes quedarte en un rincón lamentándote de las cosas que te van mal o levantarte, sonreír y dar gracias por las que te van bien. El secreto está en disfrutar con lo que es, alegrarse de lo que fue y poner tu confianza en lo que será pero sin esperar nada. Hay gente que trata de vivir la vida como si fuera a durarle siempre y se olvidan de ser felices y disfrutar cada uno de sus días.

Es más importante la intensidad con la que se viven los momentos de felicidad que el tiempo que duran. Quizá por eso hay pequeños momentos que recordamos siempre y largos años que se diluyen en nuestra memoria.

Si quieres empezar a disfrutar el presente libérate de cualquier odio que sientas por los demás, porque es una carga absurdamente pesada que no te deja avanzar; vive la vida con la mayor sencillez y sinceridad posible, procura ser generoso y no esperes demasiado, porque en la expectativa está la semilla de la frustración.

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~ por kalicom en 14 febrero 2010.

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