¿Lo que vimos eran ovnis?

Me parece imperdonable no haber abordado hasta ahora uno de los grandes temas del último siglo: ¿los ovnis existen, o son sólo otra leyenda urbana?

Sobre este asunto hay tantas teorías y opiniones como uno pueda imaginar, desde el escepticismo radical a la credulidad absoluta, pasando por todos los matices concebibles e incluso inconcebibles.

Hay personas que han dedicado su vida a investigar el fenómeno y que sostienen que es un hecho cierto. Profesionales de la aviación civil y militar han redactado millares de informes sobre avistamientos inexplicables. Miles de personas declaran haber visto objetos voladores de formas diversas. Hay por ahí algún ex astronauta que asegura que el gobierno estadounidense tiene en su poder naves extraterrestres. Toda una legión de ciudadanos denuncian haber sido secuestrados y analizados por extraterrestres a modo de cobayas.

Pero los gobiernos y las instancias científicas oficiales o niegan o callan o dan explicaciones más o menos verosímiles. En cuanto a la información que se mueve por Internet no ayuda precisamente a esclarecer el tema porque está contaminada con textos e imágenes falsos, dudosos o imposibles de valorar.

Con los datos que posee la opinión pública, la investigación OVNI es hoy por hoy un tema de especulación más que de rigor científico, aunque ciertas publicaciones vivan de ello y los medios de comunicación le dediquen espacio de vez en cuando.

Los escépticos argumentan, con toda razón, que no hay pruebas visibles, tangibles, palpables, analizables. Desde luego no vale sólo con enseñar un vídeo en el que se ven puntitos de luz que se mueven como paramecios bajo un microscopio. Este tema seguirá siendo dudoso hasta que sea abordado con método científico, hasta que existan pruebas físicas que nos permitan constatar que estamos ante algo ajeno a la civilización humana.

Dicho esto, voy a relatar una experiencia personal que viví a los 17 o 18 años en Madrid y que es lo más parecido a un “avistamiento” que he vivido jamás.

Era un atardecer de verano, a finales de los sesenta. Estaba con un grupo de amigos en un descampado cercano al Barrio de la Concepción. El sol se había puesto, pero aún había bastante luminosidad. De pronto alguien comentó que en el cielo había unas luces raras y todos nos volvimos a mirar.

Lo que yo pude ver fue lo siguiente: una luz con forma de elipse que avanzaba linealmente a bastante altura y que iba seguida -a no mucha distancia- por otra luz igual y que llevaba la misma trayectoria. No hablo de un piloto luminoso como los de los aviones sino de algo mucho más grande; eran como enormes pantallas luminosas, aunque no soy capaz de decir qué dimensiones tenían realmente porque desconozco la distancia exacta a la que estaban. Las luces viajaban a una velocidad relativamente baja cuando, de repente, apareció de la nada una tercera luz, y momentos después una cuarta.

Me parecieron cuatro “objetos” independientes que se movían en fila india. Recorrieron un trecho de cielo y luego, según iban pasando por la perpendicular de cierto punto, fueron desapareciendo sucesivamente, de uno en uno, sin dejar el menor rastro.

Hacía muchos años que no recordaba este incidente, pero el otro día, viendo unas películas de la NASA en Youtube, me pareció estar reviviendo aquella tarde de mi juventud porque en ese vídeo – que es la que está bajo estas líneas- se ve, como yo pude ver entonces, que hay objetos luminosos que aparecen de repente, en movimiento, o que desaparecen de la misma manera.

Lo que se ve al fondo son nubes que rodean la tierra y los fogonazos son relámpagos.

Quizá nuestros “amigos” del espacio estén ahí, junto a nosotros, moviéndose entre dimensiones; apareciendo y desapareciendo, camuflándose en universos paralelos. Sólo pensarlo me parece inquietante.

Desde luego, si en realidad existen, creo que su nivel científico y tecnológico debe ser tan superior al nuestro que si quisieran hacernos daño ya lo sabríamos.

Pero, si realmente están ahí y son pacíficos, ¿por qué no nos ayudan a mejorar? ¿Por qué se mantienen al margen y dejan que este planeta sea el desastre que es? ¿Quizá nos observan? ¿Quizá somos un experimento? ¿Quizá nos están probando para ver si merecemos formar parte de alguna comunidad galáctica?

Preguntas, dudas, especulaciones, hipótesis, sueños, deseos… Pero yo sé que lo que cruzó el cielo de Madrid ante mis ojos aquel día no eran aviones, ni globos meteorológicos, ni nubes, ni estrellas, ni nada que yo hubiera visto antes o haya visto después.

Por cierto, al día siguiente, salió en el periódico que un piloto había visto luces extrañas sobre la capital cuando se acercaba para aterrizar en Barajas.

Anuncios

~ por kalicom en 28 marzo 2010.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: