El “Día de la Tierra”, el día de la vida

El próximo jueves 22 de abril se va a celebrar el Día Internacional de la Tierra. Este año el escenario elegido ha sido Marruecos, donde tendrán lugar los actos de celebración entre el 21 y el 25 de este mes.

La fundación Biodiversidad dedicará la ocasión al medio marino, coincidiendo con la aparición en España de la película “Océanos”. Y es que el mar sigue siendo un gran desconocido, algo que carece de sentido considerando su extraordinaria importancia para nosotros, ya que ocupa tres cuartas partes de la superficie del planeta y en él viven el 97 por ciento de las especies conocidas.

La sobrepesca, la contaminación, la acidificación debida al cambio climático y el incremento de la temperatura del agua exigen cambios urgentes en la gestión del medio marino, cambios que hagan compatible la acción humana con la supervivencia de los ecosistemas acuáticos.

Esta jornada adquiere una especial significación cuando nuestro planeta es objeto de multitud de ataques que revierten en perjuicio de quienes lo habitamos.

El otro día estuve oyendo en la radio a un equipo de científicos especializados en fertilidad humana que señalaban que en los últimos años la fertilidad masculina ha descendido de forma significativa, pasando de cien millones de espermatozoides por mililitro de esperma a tan solo 20 millones. A ello añadían que más de un cincuenta por ciento de los hombres de entre 18 y 35 años presentaban ya un bajo nivel de fertilidad.

Preguntado sobre las causas de esta situación, el portavoz del equipo apuntó a la cantidad de sustancias artificiales que el hombre ha creado en las últimas décadas y que, distribuidas por el aire y por el agua, están contaminando el medio ambiente y son origen de multitud de enfermedades y alteraciones que afectan tanto al hombre como a los animales y las plantas.

Las noticias que llenan los periódicos de todo el mundo no son precisamente alentadoras. Por poner sólo un par de ejemplos relacionados con el medio marino, sabemos que en este momento ya sólo queda un 15% del stock reproductivo del atún rojo, lo que sitúa a esta especie en una situación crítica. El carguero Shen Neng que transporta 975 toneladas de carburante y 65.000 toneladas de carbón, ha quedado varado al noroeste de Australia y pone en grave peligro el mayor arrecife de coral del mundo.

Luego está la pesca, que se desarrolla de tal modo y con tales medios que está poniendo en peligro los recursos disponibles. Cada año se capturan más de 150 millones de toneladas de pescado, de las que el 25% son arrojadas de nuevo al mar, se desechan, porque no son de interés para quienes las pescaron.

A ello hay que sumar las decenas de miles de mamíferos marinos, aves, corales y otras formas de vida que son atrapadas por las redes de arrastre y mueren, siendo luego arrojados por la borda.

Hace falta una legislación más dura y restrictiva, más control oficial y métodos de captura más eficientes que eliminen la absurda pesca de descarte.

Según informes de Naciones Unidas, más del 70 % de las especies marinas son víctimas de una pesca excesiva que las pone en peligro, y un 60 % de los arrecifes del planeta se han visto afectados por métodos de captura altamente destructivos.

En el último medio siglo han desaparecido el 90 por ciento de los peces depredadores (tiburones, peces espada y atunes), con el consiguiente desequilibrio en las cadenas alimenticias marinas.

Todo esto resulta especialmente preocupante porque tres cuartas partes de la gente vive en zonas costeras, y todos dependemos del medio marino, que provee las despensas de miles de millones de personas.

La acuicultura no es la solución al problema porque la producción de cada kilo de especies carnívoras como los salmonetes o los langostinos requiere el empleo de 2,5 kilos de pescado como alimento. Especialmente grave es el caso de las capturas de atunes en alta mar para luego cebardos en “granjas”, porque con ellos se necesitan 20 kilos de pescado para hacerlos engordar un solo kilo.

La vida se inició en este planeta hace 3.600 millones de años y lo hizo precisamente en los océanos. Hoy se calcula que hay unos 1.400 millones de metros cúbicos de agua marina que ocupan en torno a 370 millones de kilómetros cuadrados. Todo un mundo lleno de praderas, “bosques”, desiertos, montañas, cuevas y volcanes en los que viven bacterias, algas, plantas superiores, mamíferos, peces, reptiles, aves, crustáceos, moluscos y otras formas de vida que en muchos casos ni siquiera conocemos.

Desde la antigüedad más remota, los hombres hemos aprovechado esta inmensa riqueza sin desequilibrar los mares, pero la tecnología que hemos desarrollado en los últimos siglos está hoy en manos de gente desaprensiva y ambiciosa y ha llegado a convertirse en una terrible amenaza.

Contaminamos con vertidos tóxicos, pescamos y cazamos de forma abusiva, extraemos minerales sin las debidas precauciones, sacamos petróleo provocando vertidos destructivos…

Por si todo esto fuera poco, hoy los océanos se han convertido en un auténtico vertedero. La gente cree que el mar, en su inmensidad, absorbe todo lo que tiremos en él, pero no es verdad. Toda la porquería está ahí y las corrientes marinas la transportan hasta al Polo Norte, donde sus habitantes humanos, animales y vegetales ya hace años que acusan los efectos.

Ya no podemos aplazar más las decisiones. Ha llegado la hora del planeta, de respetar las reglas y levantar la vista hacia el futuro con respeto, con generosidad y con imaginación.

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~ por kalicom en 17 abril 2010.

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