¿Por qué fracasan tantas adopciones de mascotas?

La cantidad de perros y gatos que son abandonados cada año en el campo, en la calle o en plena carretera, alertan sobre un problema recurrente: el fracaso de las adopciones de mascotas.

Cuando hablo de adopciones no me estoy refiriendo sólo a las auténticas adopciones de animales recogidos; incluyo también a los que se compran en una tienda o a un criador, porque en cualquier caso lo que hacemos es acoger a esa mascota integrándola en nuestro entorno familiar.

Dejando aparte los casos de puro esnobismo -sorprendentemente frecuentes- en los que se abandona a los animales “porque su raza ya no está de moda”, o los casos de puro egoísmo, en los que se los pone de patitas en la calle porque salen muy caros, porque ocupan mucho sitio, porque ladran a los niños, porque muerden los muebles… Dejando estos casos aparte, digo, la mayoría de los fracasos en las adopciones son debidos a una falta de análisis previo, es decir, a compras o adopciones impulsivas e irreflexivas.

No son pocas las veces que los perros y gatos caen en desgracia por ignorancia de sus dueños, que sin unos mínimos conocimientos sobre sus características de comportamiento, sus antecedentes, su fisiología o su adiestramiento, deciden un día deshacerse de “el problema”.

Antes de embarcarte en poner una mascota en tu vida considera detenidamente lo que esto tiene de compromiso y de responsabilidad.

Hay gente que no se da cuenta de que un animal en casa es como un bebé eterno que va a necesitar cuidados, protección y cariño desde que entre por la puerta hasta el día hasta que se muera. Y eso puede durar entre nueve y doce o trece años, nada menos.

Antes de comprar o adoptar hay que hacer un análisis de situación muy completo: ¿Realmente quiero hacerlo?, ¿dispongo del tiempo que necesita?, ¿tiene un lugar en mi forma de vida?, ¿tengo paciencia para convivir con él?, ¿tengo recursos económicos suficientes para mantenerlo?.

A veces pasa que un miembro de la familia sí quiere una mascota, pero los demás no, y eso se convierte al final en una fuente de discordia que el animal percibe, que envenena las relaciones familiares y que muchas veces desemboca en el abandono. Por eso es tan importante que nunca se regale una mascota a nadie, porque para el que la recibe puede ser una desagradable sorpresa y un compromiso que no está dispuesto a asumir, con lo que al final el animal saldrá perjudicado.

Hay animalitos que van de mano en mano porque alguien se olvidó de lo que eran y los convirtió en regalo, terminando solos en la calle, atropellados por coches, maltratados por gente sin escrúpulos o, en el mejor de los casos, recogidos por una sociedad protectora que intentará buscarle una nueva familia.

El fracaso de las adopciones es un problema de responsabilidad, de madurez, de preparación y de voluntad por parte de los dueños de los animales.

¡Si no lo tienes claro, deja que lo adopte otro. Será mejor para todos!

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~ por kalicom en 30 mayo 2010.

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