¡No quiero tango 2.0!

Cuando escucho esos sones de tango frenéticos en los que el bandoneón parece haberse convertido en una alarma de joyería, no puedo evitar preguntarme si el tango ha muerto o es que ha evolucionado de tal manera que ya no soy capaz de acogerlo en el regazo de mi sensibilidad.

Cuando el tango empezó a robar el silencio de las calles y los garitos, allá por la década de 1880, aceleró el pulso de una gente que hasta ese momento escuchaban y bailaban habaneras, polcas, mazurcas y algún que otro vals. Eso los blancos, porque los negros básicamente vibraban al ritmo del candomblé.

El tango, que es un hijo mestizo de la habanera cubana y la mixtura cultural bonaerense, nace en ambientes pobres y es interpretado por pequeños grupos de músicos sin formación musical a los que apenas alcanza para un violín, una flauta y una guitarra; y a veces ni la guitarra, que es sustituida por un modesto peine envuelto en papel de fumar con el que un tipo hábil consigue marcar la base del ritmo.

El bandoneón, que ahora parece copar todo concepto asociado con el tango, tardó 20 años en unírsele, aunque sin duda llegó para quedarse, y adquirió un protagonismo indiscutido.

El tango nace en esa babel de razas e idiomas que era Buenos Aires a finales del XIX. Una ciudad en plena expansión cultural y demográfica a la que aportaban sus raíces españoles, italianos, alemanes, húngaros, eslavos, árabes, judíos…

Un setenta por ciento eran hombres, por eso el tango celebró sus primeras fiestas en los prostíbulos y los tugurios, en los que las únicas mujeres disponibles eran prostitutas y camareras. Eso hizo que sus pasos y sus formas fueran tan corporales, provocadores, cercanos y explícitos. Inclusos sus primeras letras son obscenas y en consecuencia lo son sus títulos: “¿Con qué tropieza que no entra?”, “Qué polvo con tanto viento”, “Siete pulgadas”; incluso aunque el famoso “Choclo” signifique en sentido estricto mazorca de maíz, en realidad en el figurado del populacho equivalía al “chocho” castellano.

Pero como siempre ocurre con las cosas de valor, el tango pasó de los tugurios a los salones y de América a Europa, con larga parada en París, donde aquel baile de roce de cuerpos arqueados cargados de sexualidad, cadencioso y pretencioso tuvo un éxito enorme.

Y como la nobleza emergente de Buenos Aires se miraba entonces en el espejo francés, el tango viajero volvió a casa potenciado, reconocido, dignificado y pujante.

Como toda novedad turbadora que se precie, el nuevo baile fue rechazado por la gente de orden, y figuras tan destacadas como el Papa o el Káiser lo condenaron sin paliativos.

Pero el tango había triunfado y nada ni nadie iba a acabar con él. Se convirtió en el baile de moda de la época previa a la Gran Guerra y pronto vio nacer a su hermano, el tango cantado, que daría figuras tan relevantes como Carlos Gardel.

De entonces el tango, como las mareas, ha tenido momentos altos y bajos, pero ha sobrevivido. Y aquí es donde me planteo la pregunta: ¿Esta sofisticación que escuchamos hoy con marchamo de tango realmente lo es? ¿Ese virtuosismo vertiginoso de Astor Piazzola es tan tango como “la Cumparsita”, “Caminito”, “Cambalache”, “Sus ojos se cerraron” o “Mi Buenos Aires querido”?

Creo que no, que el tango es una “lengua muerta” porque fue la voz del corazón de una época que ya no existe, una época arrabalera de inmigrantes chulescos, amores trágicos, promesas olvidadas y dolores intensos. Pretender resucitar todo aquello es como escribir un periódico en ideogramas egipcios.

Aunque sólo sea por el respeto que merece toda la belleza del tango primigenio, desde España le ruego a los compositores argentinos actuales que hagan otra cosa, algo de valor que todos podamos admirar, pero no tango 2.0, porque el tango es un patrimonio de la humanidad que ya sólo tiene sentido en la memoria y el corazón.

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~ por kalicom en 31 octubre 2010.

Una respuesta to “¡No quiero tango 2.0!”

  1. De vez en cuando replantea alguien la muerte del tango. Hace unos años, fue Mederos. El tango ha de ser uno de los géneros musicales que más veces ha resucitado.

    En este sentido, los invito a ver mi cantata tanguera “Nacimiento” en http://www.youtube.com/watch?v=7B9ysDXGfXE (está en alemán, pero incluye subtítulos en español). Plantea la resurrección del tango…

    Un saludo cordial (y si me likean en https://www.facebook.com/JuanMariaSolare me alegraré mucho)

    Juan María Solare
    compositor + pianista | tango

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