¡Supermán no existe!

Siempre he pensado que el deporte de competición es algo tóxico, antinatural, excesivo y peligroso. El cuerpo humano es lo que es, dura lo que dura y resiste lo que resiste.

Como es lógico, de vez en cuando surge una persona que se sale de la norma y tiene cualidades físicas excepcionales que, debidamente potenciadas con el entrenamiento, le permiten correr, saltar o lanzar objetos con más eficacia y precisión que sus congéneres.

Como curiosidad me vale, incluso puedo disfrutar viéndolos en acción, pero me parece excesivo que haya que concederles el marchamo de héroes o de referencias sociales.

Por eso ahora, con el escándalo nada sorprendente de Marta Domínguez y demás falsos deportistas, en el fondo me he llevado un alegrón porque espero que millones de personas abran los ojos de una vez y pongan los muebles en su sitio.

En una nota que ha emitido un grupo de deportistas de competición para mantenerse fuera de esta basura ante los ojos de la opinión pública, se dice lo siguiente: “Queremos conservar los valores que el deporte de competición aporta a las sociedades modernas, la capacidad de superación, la colaboración y el trabajo en equipo, el esfuerzo, el compañerismo, el respeto a los adversarios, la disciplina, aprender a ganar y a perder, son activos muy preciados como para dejar que se ensucien con la falta de ética y la ambición desmedida”.

Leído lo leído, creo que estos señores piensan que forman parte de una casta superior con una misión referencial, pero se equivocan y lo único que hacen es pecar de soberbia.

Estos activos a los que hacen referencia no son más que el pan nuestro de cada día en esa sociedad a la que ellos miran desde lo alto del podio: la inmensa mayoría de la gente sale de casa cada mañana a superarse, a colaborar, a trabajar en equipo, a esforzarse, a respetar a los demás, y en esa lucha aprenden a ganar y a perder, y sufren o se alegran según vengan dadas. Y lo hacen sin meterse nada, donando sangre en vez de guardarla en la nevera, comiendo lentejas y bebiendo agua del grifo.

Puede que no corran mucho, que no tengan cuerpazos, que no puedan saltar vallas de dos metros, pero son los que hacen que todo esto funcione, son los que pagan para que los de la fisioélite no tengan que trabajar y vayan a las grandes pruebas internacionales hipervitaminados y reventando de glóbulos rojos.

Ya está bien de falsos héroes a costa del deporte, porque eso que ellos hacen no es más que una pantomima, un teatrillo absurdo, caro e innecesario que no aporta nada, ni a la sociedad ni al individuo.

Supermán no existe… ¡Viva Clark Kent!

 

 

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~ por kalicom en 12 diciembre 2010.

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