Marcha Gay de Madrid: Población 10 – Organización 0

Ayer me acerqué a la zona de Gran Vía a solidarizarme con las reivindicaciones del colectivo de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Supongo que no fue una idea muy original, porque allí había una cantidad alucinante de orgullosos y de simpatizantes,  que atestaban el tramo que va desde la Puerta de Alcalá a la Plaza de España, y eso son muchas decenas de miles de personas.

El lema general era “Salud e igualdad por derecho”, y  a la pancarta que lo manifestaba se agarraban sin ánimo de soltar los políticos de turno que querían salir en la foto. Les seguían otros grupos con diversos gritos como “Visibilidad = vida”, “Mi libertad preserva la tuya”, “¿Provida?, ¡Pro condón!”, “Ni un paso atrás”, este último alusivo al avance del PP en la escena política, que podría suponer un frenazo, cuando no un retroceso, en el proceso de libertad sexual.

No faltaron los matices religiosos como esa pancarta que decía: “Cura, imán o rabino, no estorbes mi camino” o esa otra que  rezaba “Cristianos en positivo”.

Y es que allí cabía todo: grupos cristianos, grupos asturianos, grupos de Cantabria, de Andalucía y el País Vasco; aquello parecía la vieja Feria del Campo.

A lo largo de todo el recorrido menudeaban los curiosos, los turistas,  enjambres de jovencitos y toda la comunidad ecuatoriana de Madrid, que se echó a la calle con los cochecitos, los niños y las botellas de agua cuando no de calimocho, porque hubo un momento en el que aquello parecía más un botellón que un marcha.

La organización fue una castaña, y se desdibujaba constantemente la frontera entre lo organizado y lo espontáneo, entre los “actores” y los espectadores.

El calor resultaba asfixiante y era difícil andar entre una masa que dudaba si mantenerse a la espera o ir a buscar las prometidas carrozas que no terminaban de llegar. Yo, sinceramente, alcancé el punto crítico de aguante y a eso de las ocho y media (dos horas después de llegar) y me fui retirando poco a poco por una de las calles que llevan a Sol.

Según he podido leer después, las carrozas sí pasaron y entre la gente que decidió quedarse no faltaron incidentes de salud, ya que hubo 113 atendidos por el Samur.  Yo desde luego no estaba por la labor.

75 toneladas de basura produjo el evento. ¡Que guarra es la gente!

Permitidme que termine con una anécdota divertida: El digital “El Mundo.es”, que parece que no se entera, publicaba anoche mismo una crónica que incluía esta frase “La única polémica se ha producido en la Red de San Luis, donde un grupo de vecinos han lanzado agua a los manifestantes desde sus terrazas”. Pero resulta que yo estaba allí, y sé lo que ocurrió: unos cuantos gays de barandilla estuvieron haciendo el hooligan desde las ventanas de las habitaciones de un hotel caro, arrojando agua con las papeleras a quienes estaban abajo. Todo fue un gamberreo, un divertimento más o menos estúpido, pero no una protesta como insinúa El Mundo. En la foto que precede a este comentario podéis ver a los famosos vecinos indignados.

Por cierto, por culpa de ellos acabé empapado, y no me hizo mucha gracia porque me mojaron la cámara. Además, el agua que tiraban venía mezclada con motas de papel que se te quedaban pegadas por toda la ropa.

Creo que la causa gay merece un poco más de seriedad y de organización, aunque sólo sea porque se avecinan tiempos difíciles para las libertades, que este país últimamente está más azul que la camisa nueva de José Antonio.

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~ por kalicom en 3 julio 2011.

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