Infracción, reconvención, sublevación, desprecio a la autoridad, desobediencia, atropello, fuga, persecución… y no fue nada.

 

El 3 de abril, a las seis y cuarto, doña Esperanza Aguirre Gil de Biedma, condesa de Bornos y Grande España, hizo valer su alcurnia.

Más que el incidente en sí, que debería haber concluido con la alta dama en comisaría, me preocupa lo que significa de discriminatorio. Me pregunto qué hubiera pasado si el rebelde de Gran Vía hubiese sido un cualquiera de los de la Marcha de la Dignidad.

Ojo al travelling: retar a los agentes, desobedecer las ordenes, volver al coche y, en un ataque de soberbia revolucionaria, arrancar  llevándose por delante una de las motos oficiales y darse a la fuga…

Los agentes de movilidad habrían llamado a la Policía Nacional, varias dotaciones lo habrían rodeado y habrían sacado a ese elemento peligroso del vehículo, haciendo un uso necesario de la fuerza. Naturalmente le habrían hecho la prueba de la alcoholemia, la de drogas y la del sida, habrían registrado el coche de arriba abajo, lo habrían esposado y lo habrían trasladado a la comisaría.

Pero doña Esperanza tiene guardias civiles para su protección personal y es tan soberbia que acojonó a los pobres agentes, que debieron pensar que mejor no se comían el marrón.

Ahora, la hija de los condes de Sepúlveda, una vez superados los nervios iniciales, deja que su prepotencia la domine y llama machistas a los agentes y los acusa de detención ilegal.

 

Aguirrealafuga

 

Una ciudadana que fue testigo de la escena y que ha preferido no dar su nombre, asegura que a Aguirre “se la veía muy nerviosa”, que estaba muy enfadada con los agentes, que se mostraba incómoda y se quería ir. En relación con la conducta de los agentes, declara que en todo momento mantuvieron la calma y los buenos modales, a pesar de que ella cada vez estaba más nerviosa. Según la película de los hechos narrada por dicha testigo, Aguirre subió al coche con intención de irse, aunque no había proporcionado a los policías la documentación requerida. Los agentes la conminaron a volver a bajar, pero se negó, uno de ellos intentó abrir la puerta y ella se lo impidió. Seguidamente uno de los agentes puso las manos sobre el capó para que se detuviese. Ella dio la marcha atrás para evitarlo y se fugó derribando previamente una de las motos de policía.

¿El resto de este capítulo de “Fast and  furious”?… Los polis salieron detrás haciendo sonar sus sirenas y ordenándole que parara, pero ella nada… Debía pensar Esperanza: ¿Cómo se atreven estos gusanos a montarme un numerito por una chorrada, les voy a meter un puro que se van a cagar” (Este pensamiento es imaginado y lo deduzco de la chulería barriobajera de la que ha hecho gala la señora condesa en otras ocasiones).

No, no espero que se haga justicia, porque esta señora acude a las reuniones del grupo Bilderberg y está con los que cortan el bacalao. Pero, por otro lado, pienso que si el propio Rey pidió disculpas ella bien podría apearse del burro, reconocer su impresentable conducta y tener un detalle con quienes no hicieron más que cumplir con su deber. Además, con esta actitud chulesca no queda en muy buena posición para postularse a la alcaldía de la capital.

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~ por kalicom en 6 abril 2014.

Una respuesta to “Infracción, reconvención, sublevación, desprecio a la autoridad, desobediencia, atropello, fuga, persecución… y no fue nada.”

  1. Según pasan los días a la condesa de Bornos se le va más olla; ahora dice que los policías la trataron como a una “terrorista”.
    ¡Si es que no da más de sí!

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