El derecho a no aguantar niños

 

crying-baby-cry-bebe-restaurant-llorar-papas-cena-nino

 

Imaginad que lleváis todo el año agobiados por el estrés de criar a un par de niños de 3 y 7 años, y por fin decidís daros un respiro, dejáis los peques con los abuelos y os marcháis de fin de semana a una bella ciudad para pasear, ver museos, degustar una maravillosa gastronomía y dormir a pierna suelta.

Pero resulta que, al llegar a hotel, una patulea de críos anda de un lado para otro por la recepción, luego los oís chillar y corretear en la habitación contigua para, finalmente, encontrarlos en el comedor mientras tratáis de afinar vuestros sentidos con un magnífico menú y un exquisito gran reserva.

A mí se me caería el alma a los pies y supongo que a vosotros también.

Por eso en todo el mundo se está dando un fenómeno que trata de atajar este problema: la aparición de establecimientos que no admiten niños.

Hay cafeterías en Berlín, por ejemplo, que tienen prohibidos los cochecitos y ofrecen zonas “libres de niños”. La compañía AsiaAir ha creado unas “zonas tranquilas” en las que no admite viajeros menores de 2 años en primera clase. En Texas y Pensilvania hay restaurantes que sólo admiten adultos para atender la demanda de clientes que quieren salir a cenar sin niños, liberándose así por unas horas incluso de sus propios hijos.

Como es natural hay sentimientos encontrados sobre este tema: algunos padres sostienen que ciertos adultos pueden ser más molestos y gritones que los niños, y existen detractores de la presencia infantil que consideran que los pequeños son una molestia porque la actual educación permisiva hace que los niños sean más rebeldes y caprichosos y los padres excesivamente tolerantes.

Habría que poner cada cosa en su sitio y no exagerar ni en un bando ni en el otro. En realidad hay posibilidades para todos y un restaurante o un hotel es un espacio privado y la empresa puede decidir si quiere niños o no entre sus clientes. Finalmente se trata de una opción y un riesgo comercial.

En España hay en la actualidad 240.000 bares, 16.000 cafeterías, 85.000 restaurantes y 16.000 hoteles. Existen establecimientos hoteleros para aprender inglés, para entrenamientos deportivos, para mascotas, restaurantes vegetarianos, locales para gais y lesbianas y bufés de comida con animación para niños. El sector hostelero busca nuevos enfoques y está en su derecho ya que restringir la admisión no vulnera la Constitución ni los derechos del ciudadano porque nos estamos moviendo en el ámbito privado, no en el público.

Si un cliente no está de acuerdo con las condiciones de admisión no tiene más que buscar otro establecimiento en un sector en el que la oferta es mayor que la demanda. Los hoteles donde no se admiten niños suelen tener sus precios incrementados en un 30 por ciento.

Yo apuesto por este tipo de ofertas que permiten a los adultos ejercer su derecho a la tranquilidad, a no tener que comer o dormir “en una guardería”. Y nadie debería sentirse ofendido porque nadie trata de ofender.

Anuncios

~ por kalicom en 18 agosto 2014.

2 comentarios to “El derecho a no aguantar niños”

  1. Y de paso hacernos una pregunta. Veo en bares y con demasiada frecuencia justamente eso que comenta Carlos, niños correteando a sus anchas, molestando al resto de la clientela a unas horas en las que el nniño/a debería estar acostado y durmiendo. Mientras sus padres se comportan como si hubieran ido solos al bar y no fueran sus hijos (parece que los han llevado porque no les quedaba más remedio y una vez allí como si no estuvieran) Quizá deberían darse cursos de como NO educar a un niño, porque no veo que sea muy conveniente y nada bueno para ellos que estén en esos lugares a esas horas.

  2. Estoy de acuerdo con Carlos, y como bien dice, hay sitio para todos. También procuro elegir lugares sin niños, por mi propia tranquilidad y disfrute. Dejando de lado los desgraciadamente demasiado frecuentes casos que comenta Ángel, creo que muchas veces para los padres su hijo/a es el más guapo/a del mundo y no les entra por la cabeza que a nosotros nos deje totalmente indiferente. Aunque el niño no corra por el establecimiento, tener que cenar escuchando los oh ! ah ! biennnn ! holaa !! de los maravillados padres me resulta a mi simplemente muy molesto e incompatible con una cena romántica. Eso también es cuestión de educación, pero de los propios padres.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: