Que no haya un Toro de la Vega 2015

 

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Viendo el otro día imágenes de vecinos de Tordesillas durante El Toro de la Vega me he dado cuenta de que el único apero generalizado de su vestimenta festera es la garrota. ¿Sorprendente? No, coherente. Es la garrota nacional, la del “tío de la vara”. Y cuando salía aquel paisano diciendo que habían venido los animalistas a estropearles las fiestas, no podía evitar acordarme de los mozos abestiados de las historias de Gila.

Todo esto no pasaría de ser una anécdota si la fiesta (¿) de la Virgen de la Peña no hubiera acabado una vez más con la muerte sádica y cobarde de un toro indefenso, que fue repetidamente agredido con lanzas de hierro de cuarenta centímetros. Esas lanzas que le fueron cubriendo el cuerpo de heridas dolorosísimas por las que “Elegido”, que así se llamaba el pobre animal, fue perdiendo su fuerza y su vida.

¿Finalidad de todo esto?… Ninguna, divertir a los del pueblo.

Y así va pasando el nuevo siglo, sin que la cultura y la sensibilidad lleguen a todos los españoles. Y no hablo sólo de los tordesillanos; más bien lo hago de las autoridades locales, autonómicas y nacionales que permiten e incluso aplauden que esto siga ocurriendo. Hablo de los políticos y legisladores que presumen de una tradición de interés cultural mientras un animalito agoniza con una lanza hundida en su costado.

Puedo entender que los mozos de Tordesillas se hayan quedado en la España de la boina, con sus salvajadas, con su zopenco sentido del humor, pero ¿y los demás?

 

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Un puñado de valientes

¿Cómo puedo aceptar a un presidente de Gobierno, a un presidente autonómico, a un Consejo de Ministros, o a una cámara parlamentaria que permiten semejante barbarie?

¿Es que no queda nadie con sensibilidad, con un mínimo de cultura, con un punto de empatía con los animales, con un sentido medianamente claro de nuestro papel en este planeta?

Mi única esperanza fue comprobar que aún hay un puñado de valientes, de gente concienciada dispuesta a exponerse ante la turba de las garrotas y las lanzas. Una vez más eran básicamente mujeres, que son las que están demostrando mayor arrojo e integridad en los conflictos relacionados con la protección animal.

Estoy seguro de que tenían miedo cuando escuchaban las amenazas de los del pueblo, de que sintieron dolor cuando los antidisturbios les retorcían los brazos para apartarlas del recinto ferial, y sin duda fue su sangre la que se derramó cuando les llovieron las piedras que tiraban los bestias de la garrota, pero también tengo claro que aceptaron todas estas penalidades porque sabían que estaban haciendo lo correcto. Ellas son nuestro ejemplo; ellas nos marcan el camino para luchar por una causa que merece la pena.

Ni siquiera los taurinos comparten ya la atrocidad que se comete cada año en Tordesillas. La polémica sobre el martirio de El Toro de la Vega ha adquirido dimensión nacional: políticos, periodistas e intelectuales debaten en los medios sobre el tema y la Red echa humo con cientos de miles de quejas de ciudadanos escandalizados. Y eso es bueno porque esto sólo se solucionará cuando la fuerza de los detractores sea tal que haga temblar a los que lo sostienen y lo defienden.

De momento hay muchos políticos que, a título personal, ya se han manifestado en contra de la anacrónica tradición, aunque es justo decir que otros muchos, especialmente de la derecha, siguen sometidos a la disciplina de partido y callan o se muestran a favor de la violencia gratuita.

 

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No hay que dar tregua

Si seguimos protestando, si seguimos pidiendo respeto por los derechos de los animales, si los exigimos en la calle, en los medios y en la red, lograremos quebrantar la irracionalidad de las leyes actuales, romperemos las lanzas y veremos crecer en paz a los hermanos de Elegido.

Seguid moviendo el tema en Faceboock y en Twitter, acudid a las concentraciones, escribid, dialogad, firmad peticiones, convenced a vuestros alcaldes… Luchad con todos vuestros medios por la abolición de la tortura animal.

No esperéis a que los políticos vengan a solucionarlo porque ellos ya han dejado clara su desidia. Tened claro que el sistema no es la solución si no un obstáculo que hay que saltar, que hay que apartar.

Esta tiene que ser una acción ciudadana en el más amplio sentido de la expresión: de aquí al próximo Toro de la Vega hay 12 meses que tenemos que aprovechar sin descanso. Hablad con vuestros amigos y familiares y sensibilizadlos para que se conviertan en activistas. En esta lucha hacen falta muchas manos, y muchos corazones.

Y si tenéis la oportunidad de hablar con personas implicadas en la política, hacedles ver la importancia de sintonizar con las inquietudes de la calle.

Y recordad: vosotros sois los que tenéis de vuestro lado la razón de la justicia, de la sensibilidad, de la humanidad y de la lógica. Y, además, ahora tenéis una meta: que no haya un Toro de la Vega en 2015.

 

 

 

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~ por kalicom en 19 septiembre 2014.

3 comentarios to “Que no haya un Toro de la Vega 2015”

  1. Pero ¿qué más hay que debatir? ¿Tan difícil es empatizar con el pobre toro? No hay más que imaginarse en el lugar de Elegido para saber qué hacer al respecto, pero para eso hay que ser un auténtico ser humano, no esas alimañas de la foto, en especial el que aparece en el centro, en primer plano casi, haciendo la “peineta. Ya no se trata solamente de los derechos de los animales, sino de permitir que persistan actitudes que disfruten, con un cinismo que raya lo patológico, del sufrimiento de los animales, sobre todo porque esos comportamientos y formas de proceder son peligrosas, a la larga, para todos. Psicópatas sueltos por el mundo es o que menos falta nos hace con la que está cayendo.

  2. El problema es de voluntad política.

    Pedro Sánchez ya ha salido a decir (y para más vergüenza en el programa Sálvame) que a él le parece terrible el maltrato animal… pero que no piensa prohibir los toros ni las tradiciones, sino que “promete” una ley genérica sobre el maltrato animal.

    Vamos, igual que cuando asegura que es republicano pero vota en contra del referéndum sobre la monarquía en el Congreso con toda su tropa. Lo que se dice poner el intermitente a la izquierda y girar a la derecha.

    Y es que el hecho de que el alcalde de Tordesillas sea del PSOE y que en su partido nadie le diga nada mientras se dedica a insultar a los activistas heridos a pedradas, clama al cielo.

  3. De acuerdo en que falta voluntad política, pero la actitud de los tordesillanos no es tal cosa. Esa “gente” se buscaría cualquier otra cosa (clandestina, eso sí) para seguir satisfaciendo sus sangrientos instintos.
    Además de voluntad política falta auténtica educación y eso es un problema social bastante más difícil de resolver.

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