“EL PAÍS” YA NO ME QUIERE

En la primavera de 1976, cuando se fundó el diario El País, yo estaba a punto de terminar mis estudios de periodismo. Recuerdo que lo acogí con ilusión, con esperanza y con mis mejores y mayores deseos de éxito. Con el paso de los años, aquel periódico se convertiría para mí en un símbolo, en un reducto de honestidad y buen periodismo.

Dos años más tarde, los españoles recibimos un segundo regalo: la Constitución democrática, que prometía reconciliación, ética y buen gobierno en una España que, aparentemente, deseaba superar el inciso franquista.

Pero la historia de estos últimos casi cuarenta años no ha hecho más que distanciar las líneas de la gráfica: la política ha sido secuestrada por un número excesivo de corruptos que sólo obedecen a su enriquecimiento personal y a sus ambiciones de poder, y El País se ha visto progresivamente arrinconado por un panorama informativo en el que los medios que no están con el sistema son fagocitados y reeducados al más puro estilo maoísta.

Pero “mi País” ha aguantado muchas tormentas perfectas y muchas puñaladas financieras sin renunciar a una razonable objetividad, sin venderse a los mercaderes. Hoy, sólo este rotativo, la Sexta TV y CUATRO se salvan de la quema. Bien es cierto que la línea editorial de El País ha flaqueado en los últimos meses, coincidiendo con la llegada a la dirección de Antonio Caño, un hombre de la casa de toda la vida cuyo corazón está más cerca de los conservadores del PP que de los neoliberales derechizados del PSOE y a un mundo de los renovadores de PODEMOS.

Caño no es precisamente un líder natural para el sector progresista de la redacción: en su momento mostró una posición claramente favorable a las tesis bélicas de Bush en Oriente Medio, ha defendido la afinidad del Grupo Prisa con el Santander y con Liberty (los fondos buitre norteamericanos) que están financiando la inmensa deuda de PRISA. Sin olvidar también la circunstancia de que él, que fuera corresponsal del medio en Washington, defendió sin ambages la postura de la empresa durante el ERE de 2012 que planteaba cargarse a un tercio de los periodistas de la plantilla.

A pesar de esta derechización política y económica de “mi País” le he seguido siendo fiel, en el entendimiento de que, a pesar de los pesares, era el único periódico que merecía entrar en mi casa, porque los demás me provocan una deprimente sensación de desinformación.

Como comprenderéis, este idilio periodístico de tantos años tenía que acabar en algo serio, así que le juré fidelidad y me hice suscriptor; una decisión que tenía más que ver con el corazón que con cuestiones económicas. Y así hemos convivido casi una década: él me mandaba sus tiques diarios y yo los canjeaba por noticias, opiniones y previsiones.

 

EL MUNDO

 

Todo fue bien hasta el pasado septiembre, mes en el que a Prisa le entra la modernez y decide cambiar los cuadernillos de tiques canjeables por una tarjeta de plástico. ¡Que error, que inmenso error! Desde ese momento el primer periódico de España, el periódico de la Democracia, el periódico progresista de mis amores no da pie con bola porque las dichosas tarjetas NO FUNCIONAN.

Será la mía” aventuré al principio, pero luego el quiosquero me confirmaba que “La verdad es que a nadie le funciona bien”.

Luego vino el desencuentro, las llamadas de reproche, las infidelidades: “Les mandamos otra tarjeta”… Y la tarjeta no llegó. Nueva agarrada. “De momento les enviamos un taco de tiques y en enero la tarjeta nueva”. Pero ya estamos en 2015 y ni tarjeta ni tiques. Llamada iracunda. “El lunes sin falta”. Esperas infructuosas. Mentira sobre mentira. El lunes tampoco. Ni el martes. Ni el miércoles. Falsas promesas. Me siento engañado, traicionado… ¡Ya no me quiere!

Era tan fácil tenerme contento… Ya había aceptado que cojeara por la derecha, había asumido que no era perfecta, pero yo la quería. Y ahora esto.

Creo que no me lo merezco.

En un ataque de rabia, quizá de celos, me he comprado El Mundo… Pero, como dice Chiquito “No puido, no puido”. No hay nada como el primer amor, aunque ya no me quiera.

 

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~ por kalicom en 8 enero 2015.

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