LIBÉRATE DEL PARLOTEO DE TU MENTE

Comentaba en mi entrada anterior que el problema de la “Cultura” humana es que se basa en el principio de considerar que “los demás son algo distinto de mí”, y que dicho principio es la olla en la que se cuecen todas las desgracias, complejos, carencias, ruindades y defectos en general, que impiden que esta vida sea satisfactoria, feliz y plena.

Nos pasamos los días mendigando estima, reconocimiento, seguridad o amor cuando dentro de cada uno de nosotros, de todos nosotros, está la piedra filosofal que puede transformar la oscuridad en luz mostrándonos la auténtica naturaleza de las cosas más allá de su nombre o su forma.

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Estoy hablando de una conexión “espiritual” con todo lo que existe y que supone el final del sufrimiento. Estoy hablando de la Vida en su sentido más abierto y no sólo como algo trascendente sino también como algo que lo impregna profundamente todo y cuya esencia es indestructible. Es tu verdadero Ser, tu auténtica naturaleza, y si consigues conocerlo entrarás en contacto con tu identidad más profunda.

¿Y eso cómo se consigue? Pues no es tan sencillo. Para empezar tienes que aprender a silenciar tu mente, manteniéndola en el “ahora”. No trates de imaginarte lo que es el Ser o la Vida porque y si tratas de crearte una imagen mental de ellos desvirtuarás el proceso y hasta puede que acabes creándote un “dios” con ciertas características… Y no se trata de eso. La vida, o el Ser, es tu propia esencia, tu conciencia del “yo soy”, que es anterior a cualquier otra elaboración mental.

Acallar el ruido interior no resulta fácil, pero si no lo logramos seremos incapaces que alcanzar esa quietud interior que es inseparable del Ser. El ruido de nuestra mente, contaminado de recuerdos, previsiones, ansiedades y frustraciones nos sumerge en un mundo fragmentado y doloroso.

La unicidad, la quietud y el estado de paz es nuestra meta. Algunas creencias lo definen como Iluminación, lámalo como quieras, el caso es que es una gran liberación, un estado mental en el que prescindimos del sufrimiento que nos produce el pensamiento.

El parloteo insufrible de tu mente se interpone entre tú y tú mismo, entre tú y los demás, entre tú y la naturaleza; crea la falsa impresión de que tú y el otro estáis separados y te impide percibir la unidad y el equilibrio.

Debes aprender a usar tu mente, no dejar que sea ella la que te manipule. Tú no eres tu mente, tu mente es una herramienta a tu disposición.

Tienes que prender a observar la mente… ¿Para qué?… para que te des cuenta de que tú no eres esa mente que te esclaviza. Cuando aprendas a observar al tú pensador, se activará un nivel de conciencia superior que te hará entrar en una realidad en la que hay un amplio dominio que está más allá del pensamiento y comprenderás que el pensamiento es sólo una pequeña parte de la inteligencia. Cuando hayas llegado a ese punto verás que las cosas verdaderamente importantes como el amor, la belleza, la creatividad, la alegría y la paz interior surgen más allá de esa mente pensadora que vive en el ayer y el mañana.

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OBSERVAR AL PENSADOR

Las personas, las personas normales, “oímos voces” constantemente; son los procesos de pensamiento involuntarios que te perturban ya sea en forma de monólogo o de diálogo.

Cuántas veces te habrás encontrado por la calle gente, sobre todo personas mayores, que van hablando o susurrando consigo mismas. Pues es lo mismo que haces tú, pero tú no lo haces en voz alta. Esa voz interior no se corta y comenta, especula, exige, reprocha, compara, juzga y se queja. Hay cosas que le parecen bien y otras que le parece mal. Tu voz interior puede estar manejando recuerdos del pasado o proyectando cosas para el futuro. Si piensa que algo va mal, tú acabas con una preocupación; si no sabe cómo va a hacer algo mañana, te provoca ansiedad… La voz está en tu mente condicionada, que es el resultado de tu pasado y del contexto social en el que te has criado. Tu mente puede convertirse en un torturador que te produce dolor, infelicidad e incluso enfermedades físicas y mentales.

Pero lo bueno es que tú puedes “liberarte” de tu mente y “observar” esa voz que hay en tu cabeza, prestando una atención especial a esos pensamientos repetitivos que llevan años machacándote. Eso es “observar al pensador”.

Escucha tu voz interior imparcialmente, sin conversar con ella, sin juzgar, sin aplaudir ni condenar lo que oyes para evitar que te arrastre. La meta es que llegues a distinguir que la voz está allí y tú estás aquí, que eres un observador. Ese observador es tu auténtico .

Naturalmente, para llegar a convertirte en un “testigo” de tus pensamientos, tienes que practicar hasta situarte en un nivel superior de conciencia. Pero es bueno que sepas que cuando eres testigo de la acción de tu mente, los pensamientos pierden su poder sobre ti porque ya no absorbes la energía negativa que producen.

Este estado de “no-mente”, de observador, al principio sólo te durará unos momentos o a lo sumo unos minutos y volverás al torbellino del ayer-mañana, pero poco a poco, perseverando, alargarás tus estancias en tu auténtico Ser y sentirás la alegría que eso produce.

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No es un trance, ni una falta de conciencia, de vitalidad o de alerta, más bien todo lo contrario. En el estado de identificación mental estarás más alerta, más despierto, más presente, más consciente. Lo que probablemente sientas es un mayor desprendimiento y generosidad hacia todo lo que te rodea [no debes confundirlo con indiferencia] porque serás más tú y al mismo tiempo serás mucho más que tú.

Cuando observas al pensador estás dirigiendo tu atención al “ahora” y ello te permitirá tener una conciencia más intensa del presente, que es algo muy satisfactorio.

¿Cuándo puedes convertirte en observador? Aprovecha momentos de actividad rutinaria; por ejemplo, cuando te estás duchando. Trata de ser intensamente consciente de lo que estás haciendo, presta mucha atención a cada detalle, a cada movimiento, a cada variación del sonido, a la sensación del agua y de su temperatura, a las reacciones de tu piel, a los aromas del champú y del gel, a tu respiración, a la temperatura ambiente, al tacto de la toalla… Irás notando una intensa sensación de presencia.

¿Cómo sabrás que lo has hecho bien? Porque sentirás un cierto grado de paz en tu interior, una paz que se crea cuando has logrado liberarte, siquiera un instante, de tu mente pensadora.

En la medida en la que aprendas a no identificarte con tu mente pensadora irás dando pasos hacia la Iluminación y tu conciencia se fortalecerá.

Si un día te descubres sonriendo a la voz que resuena en tu cabeza es porque has conseguido tomártela menos en serio y entonces sabrás que tu identidad ya no depende de ella.

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~ por kalicom en 21 diciembre 2015.

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