Avaricia, envidia, ambición, desapego, odio, ira, miedo, estupidez, desprecio… En resumen: “Humanidad”

A veces me pregunto si los seres humanos somos despreciables por naturaleza o por ideología, lo que sí me consta es que el buen salvaje de Pedro Mártir de Anglería es tan mítico como Teresa de Calcuta.

Es posible que haya gente buena, individualmente buena, familiarmente buena, circunstancialmente buena, pero el Humano es un saco de envidias, de complejos, de odios pequeños, de ruindades tan estúpidas como letales.

Cuántas veces queremos a alguien porque es igual o menos que yo; pero lo odiamos si conoce a una pareja demasiado guapa, si encuentra un trabajo muy bien remunerado o si le toca una primitiva gorda. A partir de ese momento ya no es de nuestro grupo, de nuestra tribu, de nuestra clase, de nuestra religión, de nuestro color, de nuestra cultura.

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Los revolucionarios guillotinan, queman y asesinan a los ricos y los nobles, a los capitalistas, a los curas, a los corruptos, porque se sienten sodomizados, porque se saben despreciados, engañados, ridiculizados, tomados por idiotas, por ignorantes, por sumisos estúpidos. La vida es sólo una y muy muy corta. ¿Qué sentido tiene vivirla mal mientras otros la viven bien? ¿Qué justificación tienen el sufrimiento, el dolor, el hambre, la tristeza, la carencia?

¿Blanco es mejor que negro, rico es mejor que pobre, norte es mejor que sur, nacional es mejor que extranjero?

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¿Y matar? Matar es tan fácil. Déjalos que sigan con su guerra, que se destruyan entre ellos. Déjalos que se ahoguen en el mar, que colapsen en el campo de refugiados. La comida es para nosotros, las medicinas son para nosotros, el confort es para nosotros, el futuro es para nosotros. O estás con nosotros o estás contra nosotros… Y somos tantos los que vivimos “con” por miedo a estar “contra”.

Los pobres quieren ser ricos, los ricos quieren ser dioses, pero no da para todos, así que “hay pelea”. Yo estoy a gusto; ¿tú?, a mí que más me da. Yo tengo trabajo; ¿tú?, haber estudiado.

Llevamos toda la vida creando leyes, mandamientos, ordenamientos jurídicos, hábitos sociales, normas de urbanidad, tribunales, marcos legales, árbitros, reconocimientos de derechos… Pero no porque con ello seamos más cultos, buenos, civilizados, justos o tolerantes, es que si no los tenemos nos matamos, nos destruimos, nos descontrolamos, nos odiamos. Proteger el derecho individual, proteger el derecho colectivo, el divino… Socialistas, capitalistas, comunistas, integristas, separatistas, independentistas…

Y no somos iguales ante la ley, no tenemos las mismas oportunidades de progreso y de cultura; no se nos mira con los mismos ojos si somos hombres o mujeres, si somos heteros o gays, si hemos nacido aquí arriba o allí abajo. No hay nada menos universal que los derechos del hombre; y de eso ya se encargan los que están a sueldo de los que nunca han querido que todos seamos iguales. ¿Cómo van a rapiñar los diamantes, el coltán, el oro y la madera si los negritos o los inditos saben leer? No hay comida para todos, así que comamos nosotros… Nadie dijo que la vida fuera justa.

¿Para qué voy a fabricar aquí si allí lo hacen los niños, las mujeres, los infrahumanos que ganan en un mes la mitad de lo que yo gasto en un aperitivo? Ellos hacen mis productos de lujo en talleres de miseria donde la enfermedad es lo natural, donde la protección “no es necesaria”. Al fin y al cabo su expectativa de vida es la que es. Si no los mata la inhalación de tintes lo hará la malaria.

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Pero no te equivoques, aquí hay muchos responsables; cuando le echas la culpa a las grandes corporaciones, a los lobbies judíos, a la mafia vaticana, al Banco Mundial, a las farmacéuticas, a Monsanto, a los amos del petróleo, a la industria armamentística, al Dáesh, a los masones… Mientes y te mientes a sabiendas.

Tú, con tu voto conservador, con tus actitudes egoístas, con tu homofobia, con tu miedo a los cambios sociales, con tu terror a perder esas cuatro perras que se quedarán aquí cuando te mueras. Tú eres tan responsables como ellos; la diferencia sólo es de escala. Luego, el efecto multiplicador se encarga de que lo simplemente ruin se convierta en peligroso, en perverso, en destructivo, en terminal. No mires para otro lado, no te eches las manos a la cabeza, no pongas carita de bueno, ni tú ni yo, ninguno.

Los seres humanos es lo peor que le ha pasado a la humanidad y a este planeta. Es una pena porque sin nosotros esto sería la leche de bonito.

 

 

 

 

 

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~ por kalicom en 4 julio 2016.

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