HIROSHIMA: LA PRIMERA BATALLA DE LA GUERRA FRÍA

Para los más jóvenes recordaré que Hiroshima es una ciudad que está al oeste de Japón y se ha convertido en un símbolo para los pacifistas del mundo.

A-Bomb-HiroshimaEl 6 de agosto de 1945 comenzó la era atómica.

Durante la Segunda Guerra Mundial tenía una población de 420.000 habitantes. Pero entonces ocurrió algo único y terrorífico: Harry S. Truman, el presidente de los Estados Unidos de entonces, ordenó lanzar sobre ella la primera bomba nuclear de la historia. Fue el lunes 6 de agosto de 1945 y se llevó por delante 166.000 vidas de civiles ajenos a la contienda. Algo que equivaldría a matar a todos los habitantes de Logroño o Albacete.

No contento con ello, el jueves siguiente, 9 de agosto, ordenó arrojar otra (más potente aún que la primera) sobre Nagasaki, que está en la costa sudoeste de la isla de Kyushu, también en Japón. Aunque la situación climatológica impedía una buena visibilidad al bombardero y el arma explosionó en el sitio equivocado, a una distancia considerable de su objetivo, destruyó casi la mitad del centro urbano y causó la muerte instantánea de más de 35.000 de sus 240.000 habitantes.

1170856.jpgLa destrucción causada por las primeras bombas atómicas fue terrorífica.

Seis día después, Japón se rendía y los norteamericanos presumían de que este golpe de efecto tecnológico había adelantado el final de la Segunda Guerra Mundial, ahorrando innumerable bajas en ambos bandos… Pero era mentira. Era una maniobra tan oscura como las justificaciones para el inicio de la guerra del Vietnam, como la trama que rodeó el asesinato de Kennedy, como el ataque a Pearl Harbor (conocido previamente y permitido por los servicios secretos norteamericanos para justificar su entrada en la guerra contra Japón) o como la falsa amenaza de las “armas de destrucción masiva” que nunca hubo en Irak pero que permitieron emprender una guerra que reforzó la posición de Estados Unidos en la comunidad internacional de países productores de petróleo y le permitió dar salida a sus excedentes de armamento.

La historia de este país y sus guerras en el exterior es un cúmulo de mentiras, tramas ocultas, motivos inconfesable, procedimientos ilegales, violaciones de derechos, manipulación de medios de comunicación y un desprecio absoluto por la vida humana, tanto la de los propios americanos como la de extranjeros.

UN CRIMEN BASADO EN UNA MENTIRA

A todos los norteamericanos de buena fe y, por supuesto, a todos los habitantes del planeta, incluidos los españoles, nos contaron que EEUU había lanzado las bombas atómicas para, con una acción de contundencia incontestable, obligar a las autoridades japonesas a rendirse y “salvar” así las vidas de muchos miles de japoneses y aliados que supuestamente habrían fallecido si el enfrentamiento se hubiese prolongado. Pero resulta que los testimonios de muchos militares estadounidenses de aquella época no parecen estar en línea con dicha tesis.

Un estudio encargado por el propio Truman al Grupo de Bombardeo Estratégico de Estados Unidos concluía: “Sobre la base de una detallada investigación de todos los hechos y con el apoyo del testimonio de los dirigentes japoneses involucrados, el estudio opina que Japón se habría rendido ciertamente antes del 31 de diciembre de 1945 y con toda probabilidad antes del 1 de noviembre de 1945 incluso si las bombas atómicas no se hubieran lanzado, incluso si Rusia no hubiera entrado a la guerra, e incluso si no se hubiera planificado o contemplado ninguna invasión”.

Japanese Foreign Minister Mamoru ShigemitsuRendición de Japón tras la caída de las bombas atómicas.

En la misma línea se sitúan las declaraciones del comandante supremo de la Fuerzas Aliadas, Dwight Eisenhower: “Los japoneses estaban dispuestos a rendirse y no era necesario atacarlos con esa cosa horrible”. El más tarde presidente relata también: “En julio de 1945… el secretario de Guerra Stimson, en visita a mi oficina central en Alemania, me informó de que nuestro gobierno se preparaba para lanzar una bomba atómica sobre Japón. Yo era uno de los que pensaban que había una serie de razones convincentes para cuestionar la inteligencia de un acto semejante… el secretario, después de darme la noticia del exitoso ensayo de la bomba en Nuevo México, y del plan de utilizarla, me pidió mi reacción, esperando al parecer una enérgica aprobación.

Durante su relato de los hechos relevantes, había sido consciente de un sentimiento de depresión y por lo tanto le expresé mis graves aprensiones, primero sobre la base de mi creencia en que Japón ya estaba derrotado y que el lanzamiento de la bomba era totalmente innecesario, y en segundo lugar porque pensaba que nuestro país debía evitar horrorizar a la opinión mundial debido al uso de un arma cuyo empleo, pensaba, ya no era indispensable como medida para salvar vidas estadounidenses. Pensaba que Japón estaba, en ese mismo momento, buscando alguna forma de rendirse con la menor pérdida de prestigio. El secretario se mostró profundamente perturbado por mi actitud…”

Otro alto mando de las fuerzas armadas, el almirante William Leahy, primer jefe del Estado Mayor Conjunto, escribió: “En mi opinión el uso de esa cruel arma en Hiroshima y Nagasaki no fue una ayuda material en nuestra guerra contra Japón. Los japoneses ya estaban derrotados y se disponían a rendirse debido al efectivo bloqueo marítimo y los exitosos bombardeos con armas convencionales.

Las posibilidades letales de la guerra atómica en el futuro son aterradoras. Mi propio sentimiento era que al ser los primeros en utilizarla, habíamos adoptado un estándar ético común a los bárbaros de la Alta Edad Media. No me enseñaron a hacer la guerra de esa manera, las guerras no se pueden ganar destruyendo a mujeres y niños”.

El propio General MacArthur declaró sobre la decisión de lanzar las bombas que ni siquiera le habían consultado y que no veía ninguna justificación militar para utilizarlas y añadió: “La guerra podría haber terminado semanas antes si Estados Unidos hubiera aceptado, como en todo caso lo hizo posteriormente, que se conservara en Japón la institución del emperador”.

El secretario adjunto de Guerra, John McLoy, en consonancia con lo dicho por MacArthur señaló: “Siempre he pensado que nuestro ultimátum al gobierno japonés emitido desde Potsdam en julio de 1945 lo habría aceptado, si nos hubiésemos referido al mantenimiento del emperador como monarca constitucional y hubiésemos hecho alguna referencia al acceso razonable a materias primas del futuro gobierno japonés. Por cierto, creo que incluso en la forma en la que se dio dicho ultimátum había una cierta disposición por parte de los japoneses a considerarlo de manera favorable. Cuando terminó la guerra llegué a esta conclusión después de hablar con una serie de funcionarios japoneses que habían estado íntimamente asociados con la decisión del gobierno japonés de entonces de rechazar el ultimátum tal como se presentó. Creo que perdimos la oportunidad de lograr una rendición japonesa, completamente satisfactoria para nosotros, sin necesidad de lanzar las bombas.”

Otro tanto declaraba el subsecretario de la Armada, Ralph Bird: “Pienso que los japoneses querían la paz y ya habían contactado a los rusos y creo que a los suizos. Y esa sugerencia de dar una advertencia de la bomba atómica fue una propuesta que les habría permitido salvar las apariencias y la habrían aceptado de buena gana.

A mi juicio, la guerra japonesa ya estaba ganada antes de que utilizásemos la bomba atómica. Por lo tanto, no habría sido necesario que reveláramos nuestra posición nuclear y estimular a los rusos a desarrollar lo mismo mucho más rápido de lo que lo hubieran hecho si no hubiésemos lanzado la bomba”.

El director adjunto de la Oficina de Inteligencia Naval, Ellis Zacharias, escribió: “Precisamente cuando los japoneses estaban dispuestos a capitular, seguimos adelante e introdujimos en el mundo el arma más devastadora que había visto, y en efecto dimos el visto bueno a Rusia para que se extendiera sobre Asia Oriental.”

Incluso los oficiales norteamericanos que eran partidarios de utilizar la nueva bomba preferían que se usase en una zona despoblada o en objetivos militares japoneses, no en ciudades sin valor militar. También se llegó a sugerir que se lanzada en una zona cercana a Tokio en la que había un bosque de cedros ya que eso habría bastado para convencer a los japoneses.

ENTONCES, POR QUÉ LAS LANZARON

Truman y sus consejeros sabían que no era necesario lanzar la bomba, sabían que la guerra estaba prácticamente terminada, sabían que una ciudad llena de civiles no era en todo caso el objetivo adecuado… Entonces ¿por qué lo hicieron?

Se ha especulado con que los científicos presionaron para ver cómo funcionaba su juguete, pero al parecer no fue así. Albert Einstein aseguró que la mayoría de los científicos se opuso a usar de repente la bomba y que su lanzamiento fue una decisión político diplomática más que militar o científica.

De hecho varios científicos del Proyecto Manhattan escribieron en 1945 al secretario de Defensa para intentar disuadirlo: “Creemos que estas consideraciones hacen que el uso de bombas nucleares en un anticipado y no anunciado ataque a Japón no sea aconsejable. Si EE.UU. fuera el primero en introducir este nuevo medio de destrucción indiscriminada de la humanidad, sacrificaría el apoyo público en todo el mundo, precipitaría la carrera armamentista, y perjudicaría la posibilidad de lograr un acuerdo internacional sobre el control futuro de tales armas.”

En las palabras de Einstein radica la explicación más plausible. A lo largo de los años, los observadores, politólogos e historiadores han sugerido que las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki tuvieron un objetivo principal: hacer una demostración del arma de destrucción masiva a la Unión Soviética en un momento en el que las relaciones entre ambos países se habían deteriorado mucho.

1Truman, Stalin y Churchill durante la Conferencia de Postdam.

La Conferencia de Postdam, que había reunido a Truman, Stalin y Churchill, finalizó sólo cuatro días antes de que estallaran las bombas. Era un momento de gran tensión y desconfianza mutua en el que Truman y su equipo de consejeros confiaban en que el monopolio atómico les ayudase a presionar a los soviéticos.

Así lo hicieron perpetrando no sólo un crimen de guerra sino también un crimen contra la humanidad. Nada tuvo que ver con la guerra frente a Japón, lo que en realidad pretendía EEUU era limitar la expansión soviética en Asia impresionando a los rusos con su nuevo poderío bélico. El lanzamiento de las bombas fue realmente la batalla inicial de lo que se conocería como la “guerra fría” entre dos bloques que, más o menos desdibujada, aún sigue vigente.

Prácticamente todos, políticos, militares, científicos, diplomáticos e historiadores están de acuerdo en que el lanzamiento de las bombas fue un error, un acto espantoso e innecesario sin ningún valor práctico y carente de moral.

WAR & CONFLICT BOOKERA:  KOREAN WAR/PERSONALITIES & POLITICS

El presidente Harry S. Truman firmó la autorización de los bombardeos.

Al día siguiente de la destrucción de Hiroshima, el presidente Truman expresó su satisfacción por el “abrumador éxito del experimento”.

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~ por kalicom en 15 agosto 2016.

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