SÓLO TÚ ERES CAPAZ DE CAMBIAR ESTE MUNDO

Recuerdo que cuando mi hijo Pablo empezó a ir al colegio, la maestra nos mandó una nota diciendo que estaba preocupada porque había observado ciertas cosas en el niño que quería comentar con nosotros. Cuando mi mujer fue a verla se quedó verdaderamente sorprendida al oírle plantear el “problema”:

_“El niño hace cosas extrañas; el otro día les pedí que pintaran un paisaje y Pablo hizo un árbol con el tronco azul y las hojas violetas”.

_“¿Eso no es una muestra de creatividad?”

_“Pero es que los árboles tienen los troncos marrones y la hojas verdes”.

¿Veis el problema? Aquella buena mujer, que debería estar potenciando la curiosidad y la imaginación del niño, lo que hacía en realidad era someterlo a la tiranía de la lógica, uniformizarlo, constreñir su libertad de interpretación del mundo, conectarlo a la maquinaria, a esa maquinaria que nos programa la vida, que no permite alteraciones ni digresiones, que nos dice qué debemos hacer, cuando y cómo debemos hacerlo y que, cuando ya nos ha exprimido, nos jubila, nos aparta, nos desecha porque dejamos de ser útiles.

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Primero nos enseñan que la vida con cosas… Juguetes, chuches, automóviles, casas, ropa de marca, aparatos de todo tipo, es una vida mejor. Quien no puede tener cosas es un fracasado y quien las consigue un triunfador. Así de simple.

Cuando ya estamos convencidos de todo esto nos dicen: pero para tener cosas tienes que ganar dinero, mucho dinero, así que estudia una profesión que necesite el engranaje que tenemos en marcha y busca tu hueco.

Tal como está “montado” el mundo, hombres y mujeres se crean un perfil de necesidades materiales y se lanzan al mercado laboral para conseguir dinero, para comprar las cosas que creen que necesitan. A esas alturas ya llevan veinte o más años siguiendo el programa establecido y ya son incapaces de parar, pensar, rechazar y buscar un camino diferente; su ansia es trabajar más para ganar más.

Cuando llegan las crisis económicas -y lo hacen cada pocos años- nuestra obsesión es seguir teniendo trabajo, seguir comprando, seguir triunfando. Y ahí no cabe la solidaridad porque es “o tú o yo” porque no hay para todos.

¿Y cuando ya tienes sesenta o setenta? Amigo, entonces te echan porque hay otro más joven, más domesticado, más ciego, menos crítico y más dispuesto a hacer lo que tú has estado haciendo, y por menos dinero. Es la hora de jubilarse, en el mejor de los casos, o de quedarse en la calle a una edad en la que nadie te quiere.

VIVIMOS UNA FARSA

Este es el tinglado de la vieja farsa: se te ha ido una vida por la que has pasado con el sufrimiento constante de conseguir y no perder lo que tienes. Te has hecho viejo regalando tus mejores años en el trueque trabajo por dinero.

Es entonces cuando comprendes que lo importante no era el dinero sino el tiempo, la vida, sentir, pensar, comprender, admirar, sorprenderse, amar a las personas y a las cosas.

Cuanto más nos alejamos de las cosas sencillas menos felices somos. Cuanto más nos adaptamos al “sistema” que los poderosos han inventado para nosotros, más absurda es nuestra vida porque basamos nuestra felicidad en cosas que en realidad no necesitamos.

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Nuestra vida, tal como la vivimos hoy, está basada en mentiras, en necesidades inducidas e innecesarias que hemos aceptado bajo la presión de la educación, de la política, del cine, de los medios de comunicación, de la publicidad, de las religiones.

¿Tú qué dices con más frecuencia “me gustaría” o “que feliz soy con lo que tengo”? Tu vida ha sido programada y no sabes que tienes libertad para cambiarla o lo piensas pero tienes miedo de ser rechazado.

Incluso las cosas más básicas, la comida, el agua y la tierra son de las grandes empresas y no puedes cogerlas sin más porque acabarás en la cárcel. Es el juego del poder, en el que los pendones de los grandes señores han sido sustituidos por los logotipos de las corporaciones para las que trabajamos, por las que vamos a la guerra, aceptamos nuestra cuota de enfermedad, de residuos tóxicos, de destrucción del medio, de calentamiento global, de muerte… En realidad nada ha cambiado. Ellos nos dan dinero y nosotros, con nuestra actitud mercenaria, les hemos dado el mundo.

¿Y qué pasará cuando hayamos vaciado las reservas de petróleo, cuando contaminemos los ríos y mares, cuando el suelo sea incapaz de producir una planta más, los animales estén enfermos por los productos químicos y el aire sea irrespirable? ¿Comprendamos que el dinero es un papel sin valor, que nadie nos dará oro o plata por los billetes que hayamos acumulado? No tendremos nada.

¿Sabes por qué al sistema no le importa que se maten animales salvajes pero acepta proteger a las mascotas?… Sigue la pista del dinero. De la muerte de los animales salvajes se saca dinero cuando un cazador rico los mata cobardemente. Pero tu perro o tu gato, mientras están vivos, generan beneficios a los veterinarios, a las empresas de alimentos animales, a los fabricantes de correas, casitas, mantas, ropa, juguetes, adornos, medicinas… ¿Lo ves?, la clave siempre es la misma, el negocio.

TÚ TIENES EL PODER

Nadie va a venir a cambiar todo esto, no busques la solución fuera de ti. No confíes en los políticos ni en las empresas ni en los bancos. La fuerza que puede cambiar el mundo está en tu corazón, en tu inteligencia, en tu voluntad, en tu actitud. Tienes que pensar en todas estas cosas para poder tener una opinión propia, tuya.

Tienes que reducir tus ambiciones, simplificar tu vida, racionalizar tu proyectos y seleccionar cuidadosamente tus valores. Sé positivo, sé optimista, acércate a la gente y confía más en ella. Agrúpate, escucha, comprende, aprende y respeta.

Analiza lo que en realidad te gusta, lo que en verdad te llena, y trázate nuevas metas, nuevas formas de “ser feliz”.

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El futuro de nuestra raza no radica en ser más ricos o más fuertes sino en unirnos, en colaborar, en compartir. Muchos se quejan de que los móviles, las tabletas y los ordenadores nos aíslan, de que vamos por la calle hablando con un cable y ni miramos a aquellos con los que nos cruzamos; y es verdad. Pero cuidado, Internet también puede ser, bien utilizado, el lugar en el que podemos encontrarnos, en el que podemos compartir ideas y proyectos, desintoxicar nuestras mentes, comprender nuestras posibilidades y luchar contra el poder de los fabricantes del dinero que tratan de corrompernos.

Quiero que se entienda con absoluta claridad que el mío no es un mensaje de violencia, de confrontación; muy por el contrario, hablo de “armas” más poderosas, más peligrosas para algunos: la colaboración y la empatía. Tenemos que ser mejores que el sistema, tenemos que manejar ideas sanas, pacíficas. Debemos aliviar las tensiones y utilizar el arma de construcción masiva más poderosa de la historia: el amor, en su más amplio, profundo sentido.

Evidentemente esto no tiene nada que ver con las religiones, que forman parte y están absolutamente dominadas por el sistema. En todo caso tiene que ver con la naturaleza, con la normalidad, con la sencillez, con la autenticidad, con la sinceridad.

Valora a las personas de una en una y verás que riqueza te rodea. No esperes a que “alguien” venga a solucionar tus problemas; tú estás capacitado para hacerlo, y si crees que no, únete a otros que te parezcan fiables y comparte tus inquietudes.
Es posible cambiar este mundo, pero hay que ir con los ojos bien abiertos, con la mente alerta y la voluntad dispuesta.

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~ por kalicom en 24 agosto 2016.

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