ELEVAR EL NIVEL ÉTICO DE LA VIDA EN LA TIERRA ES UNA PRECIOSA LABOR QUE EXIGE EMPEZAR DE CERO

No necesitamos políticos, no necesitamos religiones, no necesitamos riquezas que excedan el ámbito de lo básico para vivir felices; no necesitamos fuentes de energía no renovables, no necesitamos un progreso constante y acelerado.

No necesitamos gobiernos que se dediquen a dictar leyes para reprimir nuestra libertad, ni maestros que nos den pautas para ser borregos disciplinados. No necesitamos emplear las palabras enemigo, refugiado, diferente, extranjero, extraño, distinto, desviado, inferior.

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El Sistema, y hablo del Sistema a nivel planetario, nos hace creer que tenemos que tener, más aún, que tenemos que acaparar. Nos desprecian, pero no nos destruyen porque nos necesitan, porque quieren que ambicionemos lo que no precisamos, que trabajemos en cosas que nos son ajenas y odiosas, nos quieren convertir en cómplices de sus engaños y sus perversiones, y se inmiscuyen sin excepción en todos los momentos de nuestra vida pública y privada, desde que nacemos en una clínica hasta que morimos en un geriátrico.

El Sistema es dueño de todo: de nuestra educación, de nuestro ocio, de nuestras relaciones, de nuestro trabajo y de nuestra jubilación. Cada día, toda la vida.

Pero… ¿Quién los ha puesto ahí?… Pues nosotros. ¿Quién les permite dirigir el mundo?… Nosotros. ¿Quién los legitima para tener tanto poder?… Nuevamente, nosotros.

Son lo que son y hacen lo que hacen porque nosotros se lo permitimos y, de la misma manera, somos nosotros quienes podemos bajarlos de sus pedestales, quienes podemos echarlos de los centros de poder reclamando nuestra libertad, nuestra independencia personal y colectiva.

Durante toda la historia, ha habido hombres ambiciosos que por decisión de sus iguales o por la fuerza, se han declarado superiores, líderes, reyes, dictadores… con la falsa teoría de que la alternativa era la anarquía, el caos. Pero no es verdad. Lo que pasa es que tenemos que trascender nuestra vieja y corrompida visión de la vida y las cosas: nadie es más que nadie, nadie es mi enemigo, somos una sola raza, no necesitamos las religiones y el miedo y el odio que generan, no necesitamos cabecillas, ni profetas, ni predicadores. No necesitamos que nos mientan, que inventen para tenernos atados, callados y serviles.

Cada uno de nosotros, todos nosotros, tenemos un valor inmenso, una capacidad absoluta para vivir mejor en un mundo más justo basado en la igualdad, la equidad, la justicia y el amor. El amor es un concepto que a alguno le puede sonar mojigato. Yo lo llamo así, pero vosotros podéis hablar de bondad, de respeto, de empatía, de cariño, de apego, de afecto… Eso es lo de menos.

El caso es que el amor es la “llave” de este gran cambio que os propongo, porque abre las puertas de la comprensión, de la aceptación, de la correcta valoración, del respeto, de la evolución espiritual, de la conexión con el resto de la raza humana y con los animales y plantas con los que compartimos el planeta.

 

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ES HORA DE BUSCAR OTRA COSA

El Comunismo fracasó, el Capitalismo ha resultado un desastre incluso mayor, las religiones son falacias implantadas para controlar las voluntades y llenarnos de culpa y miedo. Ya es hora de levantar la cabeza, buscar por encima de las máscaras y empezar a mirar a los ojos a nuestros hermanos, de contactar con ellos con la ilusión de liberarnos de la esclavitud del dinero, del tener, del necesitar. Es preciso que recuperemos la vida sencilla, el placer primitivo de la infancia.

Nosotros hemos creado o hemos permitido crear el mundo tal como es, pero ha llegado la hora de renegar de esta servidumbre y aprender a compartir, a colaborar, a ayudar a nuestros hermanos de raza humana, de repartir los recursos con equidad, con justicia. Tenemos que sembrar en nuestro corazón las palabras amor, hermano, feliz, colaborar, simplificar.

No necesitamos líderes ni grandes movimientos organizados. Cada uno de nosotros tiene toda la capacidad y todos los recursos básicos para emprender este gran cambio hacia una vida mejor. Cuidado porque “ellos” te dirán que es un discurso infantil, insensato e imposible de llevar a la práctica, pero no es verdad: si millones, si miles de millones de humanos aprenden a decir sí en vez de no, a decir acércate en vez de no entres en mi terreno, abrázame en vez de dispárame, los que han creado el sistema se sentirán aterrorizados porque su mundo cruel, egoísta y misógino tendrá los días contados.

Te sorprenderá la capacidad del amor para generar más amor. Te sorprenderá la fuerza que tiene para sacar lo mejor de cada uno.

Ese cambio social y vital sólo puede funcionar de tú a tú, de una persona a otra, porque las estructuras sociales al uso están diseñadas justo para todo lo contrario y debemos evitarlas.

Naturalmente podemos aprovechar los medios de comunicación que ya existen, como Internet. La Red tiene un gran poder para hacer daño, pero también es un instrumento precioso para extender la idea de un mundo basado en la colaboración, en la sencillez; un mundo en el que todos seamos igual de esenciales, en el que ni el color ni el origen supongan una barrera o un impedimento.

Hay que desterrar conceptos culturales terribles, trasnochados y crueles como el pecado. El único que puedo concebir sería el delito contra el próximo, contra el hermano, contra el igual. Los avariciosos, los crueles, los que esquilman, los que engañan en su provecho, simplemente deberán cambiar o ser apartados de la humanidad.

Dejemos ya de alimentar las ambiciones del sistema, de los partidos y grupos políticos, de las religiones, de las empresas, de los bancos, de los financieros y de las multinacionales que esclavizan personas en países pobres para surtir de productos innecesarios a personas de los países ricos que podrían vivir perfectamente sin ellos.

Los cabecillas del sistema, los yonkis del dinero, siempre mienten, no les creas, sólo sirven a su ambición y su avaricia.

 

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UNA LABOR DE TODOS

Tenemos que elevar el nivel ético de la vida en este planeta convirtiéndonos en antenas repetidoras de esta ilusionada iniciativa a favor de la igualdad entre grupos sociales, entre países, entre culturas, entre sexos, entre razas. Tenemos que parar las guerras no votando a los políticos que las organizan. Tenemos que dejar de comprar productos caros o inútiles cuya función es identificar la superioridad de un status social. Muchos de nosotros podríamos abandonar el caos de las ciudades, recuperar los pueblos, la naturaleza, y aprovechar de forma coherente y equilibrada los recursos naturales.

Deberíamos conseguir que los estados y las multinacionales liberen los conocimientos que ocultan sobre tecnologías, sobre energías no contaminantes, sobre productos que curan enfermedades eficazmente. Hay que poner todos los recursos en manos de todos los hombres, desde los países nórdicos a las llanuras africanas, desde las grandes ciudades a las pequeñas aldeas.

Hay mucho por hacer. Cambiar miles de años de malas prácticas es una tarea colosal, pero hay que empezar con el primer paso, con el primer comentario, con la primera conversación familiar, con la primera charla, con el primer artículo en los medios y, sobre todo, con el primer ejemplo de vida en la calle.

Te preguntarás: bueno pero es que no sé exactamente cómo quiero vivir, qué me haría feliz, qué me parecería más justo, cómo puedo anteponer el bien colectivo a mis aspiraciones personales.

La respuesta es muy sencilla: imagínate que los médicos te han dado un par de años de vida y ya no tienes tiempo para proyectos delirantes a largo plazo … ¿Qué necesitas para ser feliz aquí y ahora con los medios que están a tu disposición? Cuando te contestes sabrás que hay cosas sencillas, primitivas, modestas, que proporcionan felicidad, que te permiten sentirte a gusto con tus actos y tus relaciones con los demás.

La solución a esta locura de mundo en el que hemos estado viviendo la vas a encontrar dentro de ti. Los seres humanos somos una rara y preciosa especie que tiene mucho que aportar a su planeta.

Yo soy importante; tú eres importante; esos hermanos que cruzan el mar en patera son importantes. Cuando comprendamos que no hay fuerza más imponente que la suma de nuestras fuerzas individuales, el perfeccionamiento de la vida en este magnífico planeta será una tarea relativamente fácil en la que todos podremos aportar.

Obviamente la construcción del nuevo mundo requerirá la deconstrucción del actual… Y se puede hacer. Nosotros los pusimos donde están y podemos quitarlos con la misma autoridad y derecho. No se trata de revanchas ni venganzas, pero ellos tuvieron su oportunidad y no supieron construir un mundo ético. Ahora sus odios, ambiciones, su desidia y su cortedad de miras les tiene que pasar factura.

Es hora de empezar de nuevo, de empezar de cero quizá, y de hacerlo sin violencia, muy por el contrario, derrochando amor como materia prima de la que todo dimana: la comprensión, la aceptación de las limitaciones ajenas, el deseo del bien para los demás, la capacidad para tratarnos como hermanos.

Cuidado que a alguno todo esto que digo puede sonarle a jerga religiosa o de secta, pero no lo es; el amor, el respeto, la colaboración, la ayuda… son elementos muy anteriores a la existencia de dioses de cualquier pelaje, de religiones y de  sectarismos, incluso de la magia y otros recursos de dominio y control.

Tenemos por delante una labor complicada, que necesitará inteligencia, convicción y valentía, pero sus frutos serán jugosos y gratificantes, y nos darán muchos momentos de alegría y mucha satisfacción, sabiendo que hemos pasado a un nivel superior como personas, como ciudadanos, como raza y como artífices de nuestro propio destino.

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~ por kalicom en 18 octubre 2016.

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