LOS “SERVICIOS DE LIMPIEZA” HACEN PELIGRAR NUESTRA SALUD

Carta abierta a la señora Carmena, alcaldesa de Madrid

Querida alcaldesa, vaya por delante mi simpatía y respeto hacia su persona. Creo que es precisamente esa actitud la que me legitima para plantearle mi queja de habitante de Madrid en relación con los métodos de limpieza que se practican en la capital.

Me refiero particularmente al barrido por chorro de aire que utiliza el personal municipal, que si bien evidencia ventajas cuantitativas, desde luego es un desastre desde el punto de vista cualitativo.

Con este método se molesta de forma clara al ciudadano, que debe salir huyendo del tornado de polvo, pólenes, papeles, plásticos y pequeños objetos que, después de saltar por los aires, se depositan sobre los coches, en los jardines, en los árboles,  las aceras, las terrazas de las cafeterías, los pisos bajos y la ropa y el pelo de los viandantes.

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Como se puede ver, los sopladores levantan una nube con toda la suciedad que hay en el suelo y que permanece durante varios minutos flotando para, finalmente, depositarse “en todas partes”. Esto es repartir la suciedad, no quitarla.

 

 

Esta mañana tuve que avisar a una señora, que estaba sentada de espaldas a los operarios en un banco, que se marchase rápidamente porque llegaban los señores del soplador sin mediar más aviso ni cuidado.

Parece que la técnica de sus barrenderos es poner en marcha las turbinas y… ¡Sálvese quien pueda!

Con todo este despropósito lo único que se consigue es cambiar la suciedad de sitio, sacándola de debajo de los coches aparcados y proyectándola al resto de la zona.

Sí es cierto que los operarios van acompañados de un vehículo barredor, pero su eficacia es mínima ya que a su paso va quedando un rastro evidente, con lo que le calculo una eficiencia de escasamente el 20% considerando la cantidad de material volátil que queda en suspensión en el aire, en los coches, las fachadas, los árboles (en cuyas ramas acaban colgados los plásticos) y en las personas.

Debo suponer, además, que desde el punto de vista sanitario esta metodología de limpieza es también un desastre que trae más perjuicio que beneficio.

20170408_115808Tras pasar el equipo de limpieza, la calle queda en estas lamentables condiciones, resultando claro que la barredora tiene una bajísima eficacia.

Querida alcaldesa, una ciudad es como el salón de una casa, si le pasas el plumero lo único que consigues es cambiar el polvo de sitio. La única solución razonable es aspirar no soplar. La meta es quitar el polvo no repartirlo, porque hay mucha gente que tiene alergias a los pólenes y al propio polvo y que sufre enormemente con esta práctica.

Me parece maravilloso que, poco a poco, se ganen espacios para el ciudadano, que se peatonalicen calles comerciales, que se habiliten carriles para bicis, que se pongan limitaciones a los vehículos más contaminantes… Pero si la limpieza se sigue haciendo levantando nubes de polvo sin la menor consideración hacia el ciudadano, lo que generamos es un problema, no una solución.

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~ por kalicom en 8 abril 2017.

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