¿ADOPTAR UN GATO CIEGO?… …ROTUNDAMENTE SÍ

•14 julio 2018 • Dejar un comentario

Llevo muchos años actuando como cuidador y criador de bebés de gato para una protectora de animales. Normalmente se trata de camadas de huérfanos de entre 20 días y un mes y medio recogidos en descampados, naves, motores de coches, alcantarillas y todos aquellos escondrijos que os podáis imaginar.

En las instalaciones de la protectora deben quedarse el menor tiempo posible porque corren el riesgo de coger diversas enfermedades para las que aún no están vacunados, así que se necesita que haya una familia de acogida que los cuide, les de el biberón hasta que puedan comer solos, cure sus enfermedades, los mantenga limpios, los lleve al veterinario y les ofrezca todo el cariño y las caricias que estos pequeñines necesitan hasta que están en disposición de ser adoptados.

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Este es “Bolas” un gatito ciego encantador, cariñoso, tierno, con un pelo suave y un carácter maravilloso.

UNA EXPERIENCIA SINGULAR

Esta última vez la cosa se me ha complicado un poco: hace unas semanas llegó una camada de tres machos y dos hembras, de poco más de un mes de edad; pero tenían una particularidad… todos eran “ciegos”. La causa de esa ceguera parece ser una infección viral que ha deteriorado más o menos la visión de todos ellos.

En realidad sólo hay uno que yo, que no tengo excesivos conocimientos veterinarios, estoy seguro de que no ve nada y al que llamamos “Bolas” porque cuando llegó tenía los ojos hinchados y salientes como dos canicas. Los demás, aunque todos tienen los ojos afectados, creo que ven más o menos, a tenor de cómo son capaces de seguir objetos silenciosos y localizar cosas que no emiten sonidos.

Ya había leído que los gatos en general y en particular los ciegos, tienen una gran capacidad para superar las dificultades, adaptarse a sus circunstancias y moverse con soltura y manteniendo intactas su alegría y sus ganas de jugar,  pero vivirlo ha sido una verdadera y reconfortante sorpresa: carreras, juegos, saltos, peleas y persecuciones al más puro estilo gatuno. Os aseguro que sólo con verlos moverse no sospecharíais que algunos tienen graves problemas en la vista.

En cuanto a mi relación personal con ellos ha sido muy intensa porque he tenido que cuidar sus lesiones con antibióticos, calmantes, humectantes y anti inflamatorios…. Tratamientos molestos e incluso dolorosos que han soportado cada día con una enorme paciencia y comprensión.

He intentado no hacer un drama de todo esto y de aprender para el futuro, así que empecé por ponerles unos nombre divertidos: además de “Bolas”, tengo a “Casimira”, “Lucía”, “Yoygo” y “Veo”.

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Mientras escribía este artículo la pandilla se vino a hacerme compañía… Bueno, uno se quedó frito en la moqueta.

Algunas personas (demasiadas para mi gusto) a las que les he hablado de mis bebés ciegos me han dicho en un arranque de conmiseración: “¿Y no sería mejor sacrificarlos” y yo siempre les contesto en un tono en parte sarcástico y en parte cabreado: ¿Y por qué no te sacrificas tú?

Siento que la reacción parezca un poco borde pero es que mis gatos ciegos están tan llenos de vida, de alegría y de ganas de hacer cosas como cualquiera de las muchas docenas que han pasado antes por casa; por eso me cabrea que se considere que ya no tienen nada que hacer en este mundo. De hecho os aseguro que si no tuviera ya tres gatos adultos me quedaría con Bolas porque es absolutamente delicioso. Creo que él o cualquiera de sus hermanos pueden ser unos gatos caseros perfectos. Hay que tener en cuenta que compensan su falta de visión con sus otros extraordinarios sentidos y establecen un vínculo con sus humanos especialmente cálido, encantador y amoroso.

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Un gatito ciego desarrolla especialmente sus otros sentidos, pudiendo llevar una vida completamente normal, alegre y feliz.

¿QUE SUPONE ADOPTAR UN GATO CIEGO?

Empecemos por el principio: tu gato ciego no sabe que es un minusválido y como nadie le ha explicado lo que no puede hacer, él va y lo hace; así de simple. Tu gato ciego no se auto compadece, no sufre psicológicamente, no se plantea las dificultades del futuro, no se siente un desgraciado… Él, como todos los gatos videntes o invidentes del mundo, lo único que quiere es protección, un hogar con humanos cariñosos, buena comida, espacio para moverse, amigos para jugar, mimos y caricias.

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Mi amigo “Bolas” es un ejemplo de lo encantadores que son los gatos ciegos. Entre ellos y tú llegará a crearse un vínculo único que compensará con creces la ceguera de tu compañero.

Tú me dirás que todo eso está muy bien pero que lo cierto es que el gato es ciego, que no ve. Vale, tienes razón; adoptar un gato ciego exige ciertas condiciones para no crearle ni crearte dificultades. En realidad son cosas de pura lógica y en su mayoría igualmente aplicables a los gatos que sí ven. Veamos las más importantes:

-Cuando entres en la habitación en la que está el gato háblale con suavidad para que sepa que estás allí y te pueda incluir en su mapa mental tridimensional.

-Trata de no hacer ruidos inesperados o estridentes que podrían asustarlo.

-Para que se oriente mejor y no se de golpes innecesarios, procura que los muebles estén siempre en el mismo sitio.

-Al igual que con los gatos videntes, debes proteger las ventanas con mosquiteras o sistemas similares para que no pueda caerse a la calle.

-Cuando estéis en una misma habitación háblale de vez en cuando para que sepa dónde estás, y háblale siempre que pretendas acariciarlo para que no se asuste cuando lo hagas.

-Proporciónale juguetes con cascabeles y pelotitas que suenen. También puedes hacer ruiditos, rascaduras o golpecitos para que te localice. Cómprale o fabrica un poste para que trepe.

-Dedícale tiempo, juega con él, acarícialo y cuando te de muestra de que ha tenido suficiente dale espacio y libertad de acción.

-Colócale siempre el agua, la comida y la arena higiénica en lugares fijos para facilitarle la vida.

-Piensa en los pequeños detalles como bajar siempre la tapa del wáter; eso evitará incidentes desagradables.

-No lo trates como a una persona ciega, es un gato. No le tengas pena sino cariño, y dale la oportunidad de que aprenda a cuidar de sí mismo.

-Nunca deberían quitársele las uñas a un gato doméstico pero desde luego jamás debe hacerse con uno ciego porque necesita disponer de todos sus recursos.

Yo soy de la opinión de que un gato ciego debe vivir en un piso, no en un chalet abierto y, en todo caso, lo puedes sacar a pasear –si a él le apetece- con un arnés, habiéndole colocado previamente el microchip de identificación.

En resumen, no deseches la posibilidad de adoptar un gato ciego, porque los gatos son tan maravillosos y tienen tantos recursos que no te dará problemas adicionales y te regalará mucho cariño, mucha ternura y una eterna e incondicional amistad.

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LA ARRUGA ES BELLA DESDE LOS OCHENTA… ¿QUIÉN SOY YO PARA CAMBIAR ESO?

•29 septiembre 2018 • Dejar un comentario

Vamos a ver que no vengo con ganas de polémica, es que me parece que ya va siendo hora de que dejemos de ser unos repollitos a la hora de vestir.

Por ejemplo, un tema que me rechina desde siempre… ¿Por qué cuando vas a una boda te compras un vestido ridículamente pomposo, que no se parece a nada que haya en tu armario y que jamás te pondrías para ir al cine o al médico o aún menos al mercado?

Pues porque si lo llevas harías el ridículo y todo el mundo te miraría con extrañeza. Pero claro, cómo no vas a ir a una boda con algo que no sea un vestido de boda?

¿Esto es de tontos o sólo me lo parece a mí?

Y si hablamos del traje y la corbata… Hasta me da cierto pudor decirlo pero “ir trajeado”, que se decía antes, es algo que ha quedado para vendedores y comerciales, para pasantes y poco más. Ni siquiera los políticos mantienen ya esa añeja tradición en muchos casos, y cientos de grandes empresas promueven que sus empleados vistan ropa “casual”. De hecho cuando veo por la calle a un señor con traje me da pena y le deseo una pronta jubilación.

Ya hace muchos años que me convertí a los vaqueros, el polo y la cazadora. He erradicado los abrigos, las gabardinas, e incluso aquellos pantalones de pana que vistieron la gloria de la Transición. Por supuesto ya no uso camisas de cuello rígido porque me resultan de una incomodidad insoportable. Hablo de mí, claro.

Lo que llevo habitualmente es un vaquero elástico (por la comodidad) y una camiseta de cuello no muy cerrado (por la misma razón) o un polo no demasiado armado.

Además, últimamente he dado un paso de gigante hacia la libertad, hacia la comodidad y la rebelión sociocultural: no me plancho las camisetas.

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Sé que algunos se echarán las manos a la cabeza y dirán: “este tío es un guarro”. Pero se equivocan… Más aún, necesitan una buena puesta al día.

Decidme: después de planchar una camiseta y de ponérosla, ¿cuánto os dura estirada?

La respuesta seguro que está entre uno y diez minutos; eso si sois muy cuidadosos.  ¿Y sabéis el tiempo que habéis perdido y la electricidad que habéis desperdiciado para lograr esos triunfales diez minutos?… Venga ¿No os parece algo casi tan absurdo como lo del traje de boda?

Os recuerdo que ya en 1984 nuestro insigne y muy premiado modisto orensano Adolfo Domínguez acuñó su lema de campaña “La arruga es bella”, al hilo de lanzar sus primeros modelos de lino. Es una frase que todos hemos repetido alguna vez y que se hizo famosísima en el mundo entero y enseñó a millones de personas a vestir confortablemente, con sencillez, sin tonterías, con naturalidad.

FOTO ZARA

FOTO ZARA

Y ahora me pregunto: ¿Quién soy yo para ponerme a planchar, aborreciendo lo que me dicta mi lógica y lo que predico tantas veces sobre la protección del medio ambiente?

Dejar de planchar ahorra tiempo y dinero y viste de autenticidad a quien usa prendas no planchadas. Eso sí, la ropa siempre limpia.

Yo, en todo caso, confieso que en ocasiones sí repaso el cuello de los polos cuando salen muy retorcidos de la lavadora y sólo porque me resultan incómodos. Pero nada más. ¡Ah, y otra confesión: como estoy tirando a llenito, en cuanto me pongo una prenda se estira de forma natural! Pero eso ya es pura suerte.

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LAS MEDICINAS NO CURAN PORQUE LOS BANQUEROS NO QUIEREN

•13 agosto 2018 • Dejar un comentario

Supongo que recordáis el problema de los enfermos de hepatitis C y su contencioso con el laboratorio Gilead, que fabrica el Soldavi, una medicina que cura la hepatitis C.

El núcleo de la polémica radica en que la empresa vende su específico a un precio altísimo, 70.000 euros, en Estados Unidos,  mientras que la misma medicina sólo cuesta 750 euros en Egipto; algo que la farmacéutica explica indicando que “cada uno paga de acuerdo con su poder adquisitivo”, lo cual no deja de ser realmente vergonzoso porque induce a pensar que en realidad podría costar aún menos.

Según Gilead, el precio del Soldavi se fija tras calcular primero cuánto le cuesta a la Sanidad de cada país curar esa enfermedad, ajustándolo después en función de la renta per cápita y el número de pacientes con Hepatitis C… Pero lo que no dice es cuál es el precio de costo real del Soldavi.

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El problema se envenena más aún cuando rondan los tiburones de Wall Street, a los que no les hace gracia que los beneficios de la farmacéutica hayan caído cuando ésta ha previsto bajar el precio del Soldavi a los países que recomienden el uso de su medicina para la Hepatitis C. Sólo con anunciar esta fórmula comercial, la Bolsa de Nueva York ha dejado caer las acciones de la empresa un 10% porque los financieros no están dispuestos a perder beneficios.

Con su nueva estrategia Gilead estaba tratando de enfrentarse a su competidor en el mercado -los laboratorios AbbVie- que en diciembre pasado lanzaron el Viekira Pak, un medicamento similar al Soldavi. Pero parece que ni los inversores ni los analistas están de acuerdo con esta fórmula.

Desde que se lanzó al mercado en diciembre de 2013, Soldavi ha facturado 10.4 miles de millones de dólares; pero en el último trimestre la compañía sólo se ha embolsado 1.730 millones tras la irrupción del Viekira Pak.

DINERO, DINERO, DINERO

En este contexto, Goldman Sachs, uno de los grupos de banca y de inversión más grande del mundo, lleva al extremo el cinismo más insolidario preguntando a las empresas farmacéuticas como Gilead: ¿La curación de los pacientes es un modelo comercial sostenible?

La pregunta tiene miga: desde que el Soldavi ha empezado a curar a los pacientes, las ventas de la compañía Gilead han caído en picado. “El éxito de la medicina contra la Hepatitis C ha reducido gradualmente el grupo de pacientes tratables”. Además, los expertos de Wall Street señalan: “En el caso de enfermedades infecciosas como la hepatitis C, curar a los pacientes también disminuye el número de portadores capaces de transmitir el virus a nuevos pacientes, por lo que el grupo de incidentes también disminuye… Cuando un número de incidentes permanece estable (por ejemplo en el cáncer) el potencial de curar plantea menos riesgo para la sostenibilidad de una franquicia”. Así es como ve todo esto de la sanidad Goldman Sachs.

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Por lo tanto nos encontramos con un total enfrentamiento entre la sociedad y el mundo de los negocios. Como a Goldman Sachs lo único que le interesa es ganar dinero, ha sugerido al sector farmacéutico que centre sus investigaciones en los grandes mercados como por ejemplo el de la Hemofilia (que crece entre un 6 y un 7% anual); o el campo de los trastornos de alta incidencia (en el que entrarían los problemas graves como los que dificultan caminar, comer o respirar), o los cientos de enfermedades retinianas heredadas, que permitirían un ritmo de innovación capaz de generar grandes beneficios a las empresas.

Como es evidente, las grandes entidades financieras como Goldman Sachs no entienden de derechos humanos, de empatía, de caridad, de calor humano, de dolor o de sentimientos. En su corazón dolarizado sólo caben el beneficio, el enriquecimiento y el poder, y con ello se convierten en el auténtico enemigo de las sociedades humanas.

Pero atención, no es un problema de odio si no de negocio, no es que ellos quieran que enfermemos y suframos; lo que necesitan es que no dejemos de ser enfermos para que necesitemos los medicamentos que ellos nos venderán al precio que en cada momento les parezca oportuno.

Esa es la razón por la que la mayoría de las personas que consumimos medicamentos nos hemos convertido (nos han convertido) en enfermos crónicos que ni mueren ni se curan ya que ni un muerto ni un individuo sano tienen necesidad de consumir el producto que ellos proveen. La medicina actual controla síntomas, no cura enfermedades, porque el propio sistema sanitario y la clase médica se ven afectados por esta situación. Con el Soldavi toda esta inconfesable trama queda al descubierto.

¿NO VA SIENDO HORA DE CAMBIAR LAS COSAS?

Bien, esto es lo que da de sí el capitalismo: terminaremos convirtiéndonos (si no lo somos ya) en un mundo de viejos enfermos crónicos y de jóvenes obesos, de enfermos de cáncer, de diabéticos e hipertensos necesitados de una constante atención farmacológica que no nos curará pero que nos permitirá seguir vivos.

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¿Hay alguna otra vía? ¿Otro Horizonte? ¿otro paradigma?… Los hombres inteligentes de este planeta dicen que sí, que podemos ir hacia un modelo de autosuficiencia en el que la particularización sustituiría a la globalización, en el que los científicos prácticamente podría relegar a los políticos, en el que los banqueros y los financieros no serían tan necesarios.

Ha llegado el momento de la rebelión, de mejorar la formación de nuestros hijos, de racionalizar nuestro consumo, de cuidarnos más y mejor para prevenir enfermedades y dolencias, de imponer las energías renovables, de exigir a nuestros líderes que sean ejemplo de honestidad, de convertir la sociedad del egoísmo en la de la generosidad.

WABI SABI: LA BELLEZA DE LA IMPERFECCIÓN

•3 agosto 2018 • Dejar un comentario

¿Qué tiene de sorprendente que un cachorrito de labrador nos parezca hermoso?… ¿Nada verdad?… ¿Y si le faltara una pata o un ojo? ¿Y si estuviera flaco?… Pues los japoneses, que siempre sorprenden por la profundidad de su visión del mundo, han creado toda una rama de la percepción estética que busca la belleza de la imperfección. Lo llaman “Wabi Sabi” y extrae sus ideas básicas de la naturaleza: nada es perfecto, nada es permanente y nada está completo. Se apoya en la aparente contradicción de una naturaleza que es perfecta aunque esté llena de imperfecciones.

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Para la concepción Wabi Sabi se estima que la belleza radica precisamente en que las cosas son imperfectas y perecederas o no permanentes.

Esta “filosofía” puede ser aplicada prácticamente a todos los planos de la vida: a la arquitectura, a las diversas artes, a la fotografía y a la propia forma de gestionar los sentimientos…

Por qué Wabi Sabi?

Wabi es una palabra japonesa derivada de la raíz “wa”, que se refiere a la armonía, al equilibrio, a la paz interior y la tranquilidad. Una persona Wabi en el espíritu Zen es alguien que se conforma con poco y que carece de codicia y de ira, y es capaz de captar toda la belleza que hay en la naturaleza. Sabi, por su parte, significa “la flor del tiempo”. Asume, reconoce y admira el paso natural del tiempo, la decadencia y la degradación que ello implica, y celebra ese resto desdibujado de lo que un día fue espléndido… Es entender que la belleza es efímera.

Wabi y Sabi juntos adquieren un poder estético fantástico que destaca la belleza de lo imperfecto, de lo defectuoso o inacabado. Estamos inmersos en la filosofía de la sencillez, de la aceptación, de la conformidad. Se basa en la contemplación de la naturaleza y en su ciclo constante de nacimiento, crecimiento, decadencia y muerte, sin rechazar ninguno de ellos, gozándolos y respetándolos por igual.

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Wabi Sabi no significa “a la japonesa”

Sería un error considerar, por ejemplo, que la decoración Wabi Sabi es llenar la habitación de cosas japonesas. Lo auténticamente Wabi Sabi es decorar sin recargar, sólo con lo que es necesario, lo esencial, sin ninguna necesidad de que los objetos tengan la mínima relación con lo japonés o lo oriental en general.

Lo Wabi Sabi abre sus brazos a las imperfecciones, prefiere los materiales naturales, tiende al minimalismo, se aparta de los colores chillones y, sobre todo, se inspira en la naturaleza. En una visión Wabi Sabi no se rechazan las imperfecciones, se las celebra; casi diría que se las busca. Y volvemos siempre a la vieja paradoja: “la naturaleza es perfecta aunque está llena de imperfecciones”.

Busca la autenticidad por encima de todo; celebra encontrarte grietas y hendiduras en las cosas porque son mensajes del tiempo…

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¿Qué impide que apliques esta forma de pensar a ti mismo? Nosotros, como el resto de lo que hay en la naturaleza, somos seres en transición, en evolución primero y en involución después. Manchas en la piel, óxido en los metales, grietas en la madera, desgaste en los escalones, bordes deshilachados en las telas, asimetrías en las estructuras… Es el paso del tiempo, que todo lo aleja de la perfección primigenia pero que nos regala perfecciones puntuales cargadas de maravillosas imperfecciones.

En el Wabi Sabi lo intelectual se vuelve intuitivo y habita en un ambiente en el que palpitan los procesos naturales más íntimos, la pura sencillez, la modestia, la bendita asimetría y la aspereza de la propia piel, de la madera y de la piedra.

El mundo Wabi Sabi desconoce el plástico y busca materiales más naturales: la piedra, la madera, el mármol, la cerámica, el mimbre, el cáñamo, el lino… Y por su honestidad, el hormigón visto y el vidrio.  Es un mundo evolutivo y perecedero que se desgasta, se agrieta, se contrae y se quiebra.

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Una taza desconchada, una tela rasgada, una madera agrietada… Cicatrices que deja el paso del tiempo y que hacen de cada objeto algo único, auténtico y encantador que nunca podrá ser imitado por una máquina.

En la vida y en la decoración, muchas veces menos es más, así que despréndete de todas esas cosas que te lastran, que te roban el espacio y que realmente no mejoran tu confort ni te alegran especialmente la existencia. Rompe con las simetrías, con el perfeccionismo, con la auto exigencia, con la complejidad, valora las cosas sencillas, auténticas y naturales.

En el ámbito del color Wabi Sabi apuesta de nuevo por la naturaleza, tomando de ella una paleta de colores natural, sencilla, a veces un tanto oscura, con verdes, marrones, ocres y terrosos, negros, grises y óxidos.

Recuerda, no tengas problemas con la imperfección y deja que todo sea natural. El wabi Sabi no se puede comprar porque es un regalo del tiempo.

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No se te pide que implantes el minimalismo en tu vida; en realidad es un camino de aceptación del devenir de las cosas, las personas y la naturaleza. A final, la idea es ser feliz, disfrutar de lo que te rodea y encontrar la paz y la armonía. Párate y siente, respira para disfrutar los aromas y busca siempre el lado positivo.

¿Es obligatorio abrazar el concepto Wabi Sabi y redirigir tu vida hasta que estés en armonía con el latido de la naturaleza? Pues claro que no,  pero no me negarás que es una estupenda opción para quienes, saturados de progreso y tecnología, quieren retomar una senda más natural.

EL JARDÍN BOTÁNICO DE MADRID, UNA JOYA EN PLENO CORAZÓN DE LA CIUDAD

•28 noviembre 2017 • Dejar un comentario

Últimamente he sabido que hay muchos madrileños que nunca han visitado el Real Jardín Botánico que está al final del Paseo del Prado, algo que me resulta realmente sorprendente porque creo que es una de las instituciones más interesantes de la capital.

EL BANQUITO

Allá por el siglo XVI, Felipe II creó un jardín botánico en Aranjuez, cerca de su palacio, pero se puede considerar que el primer Real Jardín Botánico de Madrid fue el fundado por Fernando VI en la antigua Huerta de Migas Calientes, junto al río Manzanares en 1755, que unos años después sería trasladado por Carlos III al entonces llamado Viejo Prado de Atocha, que entonces era una zona de huertas y olivares en las afueras de Madrid.

FLOR VIOLETA

Ya han transcurrido 236 años desde la inauguración del actual Jardín Botánico de Madrid, y sigue conservando todas sus grandes cualidades: una muestra botánica extraordinaria, un trazado neoclásico en terrazas (aunque muy modificado), una gran cantidad de fuentecillas que refrescan el paseo del visitante y un invernadero para albergar las especies tropicales, que necesitan unas temperaturas y niveles de humedad constantes y controlados.

JARDINERAS

 

EN CLAVE DE ROJO

Para apreciarlo como se merece, el Jardín Botánico habría que visitarlo cuatro veces al año, una por estación, porque en cada momento ofrece paisajes diversos en forma y colorido, de los tonos tostados del invierno y el otoño a los alegres colores de las flores en primavera.

RECUERDOS DE LA SELVA TROPICAL

Yo, como aficionado a la fotografía nunca dejo de sorprenderme de la cantidad de posibilidades que ofrece el recinto, desde los planos amplios a los detalles, desde las panorámicas a los pequeños ramilletes, el color de las hojas o la gracia de los tallos. Y todo ello sin olvidar el valor educativo de este contacto con la naturaleza en pleno casco urbano ya que al pasear sus senderos puedes ir conociendo el nombre de las variedades que suceden en tu ruta.

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No olvidemos tampoco las aves, las ardillas, los gatos residentes y tantos otros detalles que hacen de la visita al Botánico un relajante y agradable paseo.

Aquí os dejo algunas fotos que acabo de tomar en este jardín tan romántico.

EL PUTO DINERO, LOS POBRES ANIMALES Y EL PP DE GALICIA

•20 septiembre 2017 • Dejar un comentario

Siempre me ha hecho gracia la buscada indefinición de los gallegos que, con una sola palabra: “depende”, son capaces de desorientar al más avezado contador de semovientes en escaleras. Gente con historia que mira primero con desconfianza y luego se entrega de por vida; viajeros, trabajadores y resignados que por no ofender llaman al feo “feiño” y retranca a la mixtura de sarcasmo e ironía que los demás conocemos como humor.

Dicho esto, también es cierto que Galicia nunca ha sido precisamente un santuario de la empatía con los animales. Vacas y bueyes aparte, ha practicado la desatención de sus especies autóctonas como el entrañable y multirracial perro común o “can de palleiro”, el casi extinto cerdo celta, la gallina de Mos o el caballo mestizo gallego que silvestrea por los montes a la espera de la anual “Rapa das bestas”. Y que hablar del zorro, el oso o el lobo.

Pero cuando se me cambia la cara, cuando se me hiela la sangre y pierdo la compostura es cuando leo que la Xunta está impulsando una ley que sancionará a los particulares que rescaten perros y gatos de la calle sin permiso. Una iniciativa que se ha puesto en marcha con los votos del Partido Popular y a la que se oponen el partido Socialista PSdeG-PSOE y todos los animalistas.

La cosa no es broma: si te cruzas un perrito extraviado o un gato vagabundo no puedes ni tocarlo sin previa autorización porque cometerás una “infracción grave” contemplada en el Reglamento y te caerá una multa de entre 500 y 5000 euros.

Curiosamente esa misma cuantía tendrán las multas a quienes inflijan “maltrato a los animales que les cause dolor, sufrimiento, lesiones o daños no invalidantes ni irreversibles”… ¿Es cosa mía o esto es para echarse a llorar?

Lo más asqueroso de todo es que los únicos que saldrán beneficiados con ese montaje serán las empresas “exterminadoras” que -ellas sí- tendrán permiso para recoger perros y gatos y exterminarlos posteriormente para cobrar su correspondiente compensación económica (no sé si por unidades o por kilos).

Aquí no cabe entender la idea como una “privatización de la protección animal”; esto es simplemente y una vez más un negocio para los amiguetes.

Nada importan los muchos años de esfuerzo de los particulares que aman a los animales y que llevan toda su vida recogiendo, castrando, curando, adoptando y queriendo a perros y gatos. Nada importan los desvelos de las asociaciones y las protectoras.

La nueva pretendida realidad es que si tocas en el futuro a un gatito hambriento o un perrillo herido te convertirás en un profanador de la naturaleza.

¿Es que esto no va a acabar nunca?

LOS “SERVICIOS DE LIMPIEZA” HACEN PELIGRAR NUESTRA SALUD

•8 abril 2017 • Dejar un comentario

Carta abierta a la señora Carmena, alcaldesa de Madrid

Querida alcaldesa, vaya por delante mi simpatía y respeto hacia su persona. Creo que es precisamente esa actitud la que me legitima para plantearle mi queja de habitante de Madrid en relación con los métodos de limpieza que se practican en la capital.

Me refiero particularmente al barrido por chorro de aire que utiliza el personal municipal, que si bien evidencia ventajas cuantitativas, desde luego es un desastre desde el punto de vista cualitativo.

Con este método se molesta de forma clara al ciudadano, que debe salir huyendo del tornado de polvo, pólenes, papeles, plásticos y pequeños objetos que, después de saltar por los aires, se depositan sobre los coches, en los jardines, en los árboles,  las aceras, las terrazas de las cafeterías, los pisos bajos y la ropa y el pelo de los viandantes.

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Como se puede ver, los sopladores levantan una nube con toda la suciedad que hay en el suelo y que permanece durante varios minutos flotando para, finalmente, depositarse “en todas partes”. Esto es repartir la suciedad, no quitarla.

 

 

Esta mañana tuve que avisar a una señora, que estaba sentada de espaldas a los operarios en un banco, que se marchase rápidamente porque llegaban los señores del soplador sin mediar más aviso ni cuidado.

Parece que la técnica de sus barrenderos es poner en marcha las turbinas y… ¡Sálvese quien pueda!

Con todo este despropósito lo único que se consigue es cambiar la suciedad de sitio, sacándola de debajo de los coches aparcados y proyectándola al resto de la zona.

Sí es cierto que los operarios van acompañados de un vehículo barredor, pero su eficacia es mínima ya que a su paso va quedando un rastro evidente, con lo que le calculo una eficiencia de escasamente el 20% considerando la cantidad de material volátil que queda en suspensión en el aire, en los coches, las fachadas, los árboles (en cuyas ramas acaban colgados los plásticos) y en las personas.

Debo suponer, además, que desde el punto de vista sanitario esta metodología de limpieza es también un desastre que trae más perjuicio que beneficio.

20170408_115808Tras pasar el equipo de limpieza, la calle queda en estas lamentables condiciones, resultando claro que la barredora tiene una bajísima eficacia.

Querida alcaldesa, una ciudad es como el salón de una casa, si le pasas el plumero lo único que consigues es cambiar el polvo de sitio. La única solución razonable es aspirar no soplar. La meta es quitar el polvo no repartirlo, porque hay mucha gente que tiene alergias a los pólenes y al propio polvo y que sufre enormemente con esta práctica.

Me parece maravilloso que, poco a poco, se ganen espacios para el ciudadano, que se peatonalicen calles comerciales, que se habiliten carriles para bicis, que se pongan limitaciones a los vehículos más contaminantes… Pero si la limpieza se sigue haciendo levantando nubes de polvo sin la menor consideración hacia el ciudadano, lo que generamos es un problema, no una solución.